Dream schools, un modelo pedagógico personalizado y sostenible para los nuevos tiempos

Compartir

26 June 2020

Dream Schools nace de la experiencia educativa, una aventura emocionante, llena de retos y aprendizaje para todo el alumnado

Por Ana Moreno

Un poco de historia

Uno de los sucesos que marcan los primeros pasos de Aude!, es la visita de Richard Gerver en noviembre de 2015. No olvidaremos la dramática imagen de una impresionante grúa deslizándose hacia el mar al intentar sacar un coche del agua. Con esta metáfora, Gerver quería visualizar que la solución de la educación no se basa en poner más recursos sino en analizar el problema de raíz y explorar alternativas creativas.

De ese encuentro quedó una idea clara: “Para que un alumno aprenda y quiera seguir haciéndolo toda la vida, su experiencia de aprendizaje debe ser inolvidable e inspiradora”. Ir a la escuela tendría que ser como ir a Disney, donde en cada esquina hay una sorpresa, algo interesante, caras sonrientes, diversidad de posibilidades, dijo Richard. En definitiva, donde cada día es un día especial para todos, sin importar la edad, el talento o las preferencias.

DS nació como una metodología llamada a transformar el aula, la escuela y cualquier experiencia educativa en una gran aventura, un reto emocionante de superación y aprendizaje, para todos los alumnos.

Un contexto

En el mundo actual, el cambio forma parte de la vida cotidiana. Después de la guerra fría, el ministerio de defensa americano creó el acrónimo VUCA para definir el mundo volátil, lleno de incertidumbres y cada vez más complejo y ambiguo que vivimos. La velocidad de los avances tecnológicos y la investigación hace que grandes descubrimientos como el telégrafo, la electricidad o la máquina de vapor, que antes pasaban cada cien años, ahora se producen diariamente. En la actualidad, esta visión del mundo se hace cada día más real y en todas las esferas sociales: organizaciones, gobiernos, estilos de vida o sistemas de salud y educativos. Se necesita diseñar estrategias capaces de dar respuestas de éxito en un entorno incierto y complejo como el de hoy en día.

Parece como si este mundo altamente globalizado y tecnológico hubiera iniciado un viaje sin retorno al paraíso del progreso humano. Sin embargo, en paralelo a estos cambios vertiginosos se producen grandes contradicciones que ponen en una situación complicada a toda la sociedad, responsables políticos y gobiernos. Como la pandemia de la Covid-19 que ha dejado fuera de juego al mundo entero con un confinamiento casi universal. Según las Naciones Unidas, más del 50% de la humanidad vive bajo el umbral de la pobreza, el cambio climático producido por el “progreso” puede tener, en poco tiempo, efectos devastadores y en muchas partes del mundo imperan culturas y sistemas políticos que están muy lejos de garantizar los derechos humanos y la dignidad de las personas.

DS se ha hecho la pregunta: ¿qué necesitan las nuevas generaciones para hacer frente con éxito a todos esos retos que plantea el futuro y convertirse en personas íntegras, ciudadanos solidarios y profesionales competentes, que sigan aprendiendo durante toda su vida?

En su último libro “Future wise. Educating our children for a changing world” (2014), David Perkins, después de hacer un recorrido por el que vale la pena aprender para vivir en el siglo XXI, concluye que lo más necesario es la sabiduría. Perkins, que presenta Gandhi como paradigma de sabiduría, explica la siguiente anécdota:

Así, Dream Schools hace suya la propuesta de David Perkins y asume, como él, que aunque sea pretencioso intentar educar para la sabiduría, sí que se puede pretender educar para el camino de la sabiduría.

Así, DS hace suya la propuesta de David Perkins y asume, como él, que aunque sea pretencioso intentar educar para la sabiduría, sí que se puede pretender educar por el camino de la sabiduría.

Un enfoque

La mejor manera de predecir el futuro es crearlo, afirma Stephen Covey en “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, y para hacerlo, propone un camino para la madurez que, gracias a la adquisición de una serie de hábitos, conduce a una vida equilibrada y feliz. El enfoque de DS coincide con el de Covey con la idea de ir superando etapas de madurez, y propone adquirir una de las seis fortalezas del modelo AIRISS2 en cada fase del proceso. De esta manera se puede seguir aprendiendo toda la vida y desarrollar un liderazgo ético que permita llegar a la sabiduría necesaria para vivir de forma plena en el contexto del siglo XXI. 

El modelo DS convierte las 6 fortalezas AIRISS: Autonomía, Identidad, Resiliencia, Integridad, Sociabilidad y Sabiduría, en objetivo educativo. 

Cada detalle del modelo pedagógico está diseñado para contribuir al desarrollo continuado de las 6 fortalezas de forma holística, consiguiendo así una dinámica de crecimiento que abaste hasta 30 habilidades, actitudes y virtudes necesarias para poner las bases de los cuatro pilares de la educación del presente y del futuro: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser. 

Una manera de entender la educación 

Toda persona es única y tiene derecho a la mejor educación. DS valora esta idea gracias a tres principios educativos que guían su implementación en cada colegio: la equidad, la inclusión y la personalización. En sus propuestas sobre equidad, la OCDE plantea la inclusión como la mejor manera de garantizar un estándar de calidad educativa para todos.

De la misma manera que las muñecas rusas, cada principio se incluye dentro del otro, y es una atención personalizada de calidad la clave que permite a los otros dos. 

Para garantizar la equidad se optimizan los recursos disponibles para que cada alumno reciba una educación excelente que favorezca su éxito escolar y personal. 

En este sentido, su fortaleza más grande es una visión universal del aprendizaje y de la integración de algunas metodologías y herramientas didácticas especialmente diseñadas para potenciar el aprendizaje de cada alumno a partir de su singularidad personal, garantizando su progreso y maduración continuos.

Tal como sugiere Pere Pujolàs en su libro “Aprender juntos alumnos diferentes” (2003), la atención a la diversidad en la escuela va mucho más allá de poner juntos a alumnos diferentes en una aula. Implica trabajar y aprender juntos, los unos con los otros, porque todo el mundo tiene algo a aportar, con unas capacidades o con otras, de una cultura, raza, nivel económico, etc. La inclusión educativa es un principio básico para un mundo y una sociedad que tiene como meta incluir a todas las personas. 

DS ve en el aprendizaje cooperativo un aliado perfecto para conseguir que los alumnos vivan juntos sus experiencias de aprendizaje y se ayuden los unos a los otros en su aventura diaria de crecimiento en las aulas.

Pero la inclusión y la equidad no son posibles sin una personalización de verdad de la educación. Víctor García Hoz desarrolla, en la década de los sesenta, un movimiento pedagógico renovador: “Educación personalizada”. Partiendo de una visión personalista, García Hoz crea toda una arquitectura pedagógica orientada a conseguir desplegar al máximo el potencial de cada alumno y de cada alumna.

El modelo DS se inspira en este gran pedagogo y considera la atención personalizada de la autonomía, la singularidad y la apertura de cada alumno y alumna como base para generar una dinámica de crecimiento continuo.

Desde la Universidad Harvard, Todd Rose explica que las fuerzas aéreas americanas contaban, en la década de los cincuenta, con los mejores pilotos y los mejores aviones, pero no obtenían unos buenos resultados. Después de una larga investigación, a un ingeniero se le ocurrió estudiar las cabinas de los aviones y descubrió que ningún piloto encajaba en ellas: estaban hechas para el “piloto medio” y este no existía. El doctor Rose, escritor del best-seller “Se acabó el promedio” (2016), intenta cambiar el paradigma educativo centrado en el alumno medio para centrarlo en cada individuo y conseguir así un máximo rendimiento. 

Para Rose es el contexto educativo el que se debe adaptar a las necesidades del aprendizaje de cada alumno, poniendo a cada unos los retos de aprendizaje adecuados para su desarrollo en cada momento.

Pero como dice César Coll (2018), personalizar en educación requiere una visión global que estimule un aprendizaje personal y con sentido para cada uno de los aprendices, independientemente del lugar donde aprenden.

DS toma a los tres autores como referencia y propone una educación personalizada, centrando la atención de la actividad educativa y priorizando los recursos hacia un desarrollo de todo el potencial de cada alumno y alumna.

Basado en evidencias

Como ya dijo Séneca, lo que se aprende de raíz nunca se olvida del todo. En la actualidad, hay numerosas evidencias sobre lo que funciona en educación y como aprenden las personas. DS asume algunas de las más relevantes y las toma como fundamento de su propuesta pedagógica. En los últimos años, ha habido grandes avances científicos en psicología y pedagogía, muchos de ellos se han visto fortalecidos por una ciencia emergente: la neuroeducación.

 

Carol Dweck revoluciona la psicología de la educación con su investigación sobre los efectos de una mentalidad de crecimiento en el rendimiento personal y académico. Para la doctora Dweck, si unos padres quieren darle a sus hijos un regalo, lo mejor que pueden hacer es enseñarles a querer los retos, crecer de sus errores, disfrutar del esfuerzo y seguir aprendiendo siempre. De esta manera, sus hijos no dependen del elogio y tendrán toda una vida para crecer confiando en sí mismos. 

DS cambia el paradigma del profesorado respecto a sus alumnos de manera que huye de las etiquetas y promueve los retos, el esfuerzo y una actitud positiva con el error y el aprendizaje.

El documento “La naturaleza del aprendizaje. La investigación inspira la práctica” de la OCDE propone siete principios necesarios para diseñar entornos educativos que promuevan un aprendizaje de calidad: 

  1. Los aprendices en el centro.

  2. La naturaleza social del aprendizaje.
  3. Las emociones son esenciales para el aprendizaje.
  4. Reconocer las diferencias individuales.
  5. Incluir a todos los estudiantes.
  6. Evaluación para el aprendizaje.
  7. Construir conexiones horizontales.

Estos siete principios se complementan con las evidencias generadas por una ciencia neuroeducativa cada día más consolidada y prolífica que constata la importancia de prestar una especial atención a la cura y desarrollo del cerebro para garantizar, no solo, el rendimiento académico, sino también una vida emocionalmente equilibrada y sabiamente dirigida.

Como bien dice el filósofo Isauro Blanco en su libro “Mindware” (2014) sobre neuroeducación:

“No es exagerado pensar que la inteligencia humana es esencialmente social y que las interacciones personales plasman no solo el funcionamiento cerebral, sino también su estructura orgánica. Cada vez queda más claro que la estructura y la función del cerebro están determinadas por la manera en que las experiencias dan forma a la madurez genéticamente programada del sistema nervioso.”

DS hace su progreso científico y diseña, a partir de sus evidencias, un modelo de aprendizaje integrado y eficaz, dinámico y sostenible.

Por otro lado, “Visible learning” (2009) es el libro que está teniendo más influencia en estos momentos en el mundo educativo internacional. En él, su autor, John Hattie, detalla el análisis de 250 factores de rendimiento escolar, procedentes de los resultados obtenidos en más de 80.000 investigaciones empíricas con muestras que suman más de 300 millones de estudiantes. Cinco de los factores con más impacto en el rendimiento del alumno son: 

  1. Efectividad del profesor, claridad, credibilidad, mentalidad de crecimiento.
  2. Expectativas de los alumnos.
  3. Respuestas a su intervención y feedback.
  4. Tareas de análisis cognitivo.
  5. Implicación de las familias.

Finalmente, uno de los avances pedagógicos más relevantes en educación es el gran cambio de paradigma sobre el aprendizaje a causa del enfoque del pensamiento cooperativo como motor principal del proceso de aprendizaje.

Las partes del todo

Tal como comenta el pedagogo Dylan Wiliam (2014):

“El impacto más grande en el aprendizaje procede de experiencias diarias que viven los alumnos en las aulas, a consecuencia de como enseña el profesorado, y no tanto por lo que enseñan”.

El método de enseñanza, sin ser la única cosa importante, es determinante para promover un aprendizaje significativo y personal que ayude al alumno a convertirse en un aprendiz experto para toda la vida.

Un modelo pedagógico que dé respuesta al presente y futuro debe integrar diferentes metodologías que trabajen juntas para lograr los objetivos educativos.

En su libro “Neuroeducación en el aula” (2018), Jesús Guillén hace una buena síntesis de las conexiones entre evidencias sobre como aprendemos y metodologías para poder darles forma en las aulas y propone 7 claves para la motivación: 

  1. ¡Qué curiosidad! Iniciar un tema con algo que despierte la curiosidad.
  2. ¡Esto me interesa! Objetivos de aprendizaje contextualizados.
  3. ¡Acepto el reto! Retos que exijan el esfuerzo adecuado.
  4. ¡Soy el protagonista! Favorecer la participación.
  5. ¡Progreso! Mentalidad de crecimiento.
  6. ¡Merece la pena! Centrar el elogio en el esfuerzo.
  7. ¡Soy útil! Cooperar para aprender.

DREAM SCHOOLS es fruto del diseño cuidadoso de un método que integra diferentes metodologías, estrategias y técnicas didácticas unidas para cooperar con un objetivo común: conseguir el aprendizaje eficaz y desarrollo integral de todos los alumnos, adaptándose a las necesidades de cada singularidad, en cada uno de sus periodos madurativos. 

Todos juntos cooperan y se ayudan de la tecnología para lograr el éxito educativo basado en las evidencias sobre aprendizaje del s. XXI. 

Es un todo que se compone de cinco componentes esenciales: 

  1. Aprendizaje cooperativo (AC). 
  2. Pensamiento crítico y creativo (PCC). 
  3. Evaluación formativa (AF). 
  4. Aprendizaje Competencial y Proyectos (ACP). 
  5. Aprendizaje Personalizado y Tecnología (APT).

Los tres primeros forman la base sobre la que se construyen los otros dos. Cada uno aporta algo necesario y complementario al resto. 

Cada elemento es necesario para garantizar algún principio de aprendizaje, alguna clave para la motivación y lograr los objetivos educativos DS, las fortalezas AIRISS para el siglo XXI.

Aprendizaje cooperativo, pensamiento y evaluación

El aprendizaje cooperativo (a partir de ahora AC) es, según los hermanos Roger y David Johnson (1999): “El uso didáctico de grupos reducis en los que los alumnos trabajan juntos para maximizar su propio aprendizaje y el de los otros.”

Para Pujolàs (2002) “Una estructura de aprendizaje organizada de manera cooperativa posibilita sin duda que los centros educativos acontezcan, cada vez más, colegios para todos, en los que puedan aprender juntos alumnos diferentes”. 

La cooperación en grupos pequeños de alumnos para aprender juntos, es una herramienta eficaz para la atención personalizada de los alumnos.

Las evidencias demuestran que la cooperación, comparada con los métodos competitivo e individualista, da lugar a los siguientes resultados:

  • Mejor rendimiento y más productividad, retención a largo plazo, motivación intrínseca, nivel de razonamiento y pensamiento crítico, por parte de todos los alumnos, sea cual sea su estilo y ritmo de aprendizaje.
  • Relaciones más positivas entre los alumnos: incremento del espíritu de equipo, relaciones solidarias y comprometidas, valoración de la diversidad y cohesión.
  • Mejor bienestar emocional. Sentido de la identidad con fortalecimiento del yo, desarrollo social, autoestima y capacidad de enfrentarse con la adversidad y las tensiones.

Para Pere Pujolàs (2009), hay tres ámbitos de intervención para estructurar de forma cooperativa el aprendizaje en el aula: a) Actuaciones relacionadas con la cohesión de grupo, para conseguir que los alumnos tomen consciencia de grupo; b) Utilización del trabajo en equipo como recurso con la finalidad de que los alumnos aprendan mejor y se ayuden los unos a los otros; y, c) Como contenido a enseñar, incluye actuaciones orientadas a enseñar a los alumnos, de una forma explícita y sistemática, a trabajar en equipo, además de utilizar de manera regular esta forma de organizar la actividad en el aula. 

Según Roger y David Johnson, para cooperar con eficacia en el aula, es necesario estructurar cinco elementos esenciales: 

  1. Interdependencia positiva, por la que los alumnos comparten la tarea, objetivos y materiales, consiguiendo crear un compromiso de éxito común entre los componentes del equipo.
  2. Responsabilidad individual y grupal, por la que cada miembro se compromete a realizar la parte de la tarea que le corresponda.
  3. Interacción estimuladora cara a cara, por la que unos miembros promueven el aprendizaje de los otros, esforzándose para aprender ellos mismos y para ayudar a los otros a que aprendan.
  4. Habilidades sociales cooperadoras e intelectuales necesarias para trabajar en equipo.
  5. Evaluación grupal o procesamiento de grupo, por el que los alumnos analizan cómo están haciendo el trabajo juntos y cómo pueden mejorar la eficacia de su trabajo en grupo.
Los roles se pueden clasificar en cuatro tipos que permitan maximizar la eficacia de la cooperación para el aprendizaje en cuatro niveles: empezar, funcionar, comprender y profundizar. 

Una herramienta muy útil para estructurar la cooperación son los roles. Además de ayudar a desarrollar habilidades, garantizan la interdependencia y la responsabilidad de la persona. Hay rutinas, estructuras de trabajo o técnicas cooperativas que ayuden a organizar la tarea de los equipos siguiendo los 5 principios de cooperación. Por ejemplo, la rutina de pensamiento “Pensar-Agrupar-Compartir”, la estructura cooperativa 1-2-4 y técnicas cooperativas como el puzzle o los torneos entre equipos. 

El AC contribuye a consolidar las siguientes habilidades, hábitos de las seis fortalezas AIRISS para el siglo XXI, para cada una de las cinco dimensiones de crecimiento personal. 

Pensamiento crítico y creativo (a partir de ahora PCC). Tal como dice Ron Ritchhart (2015), pensar en todas sus formas tiene que formar parte de todo lo que hacemos, porque aprender es consecuencia de pensar. La evidencia demuestra que con la comprensión en profundidad de un contenido intervienen como mínimo los ocho movimientos de pensamiento del mapa de la comprensión, desarrollado en el proyecto Culturas de Pensamiento del Proyecto Zero de la Universidad Harvard: Observar y describir, Explicar e interpretar, Razonar con evidencia, Hacer preguntas, Establecer conexiones, Considerar puntos de vista, Descubrir la complejidad, Captar la esencia y Llegar a conclusiones. 

Otros movimientos cognitivos importantes son: Relaciones Causa- Efecto, Comparar y Contrastar, Relación de las partes y el todo, o pensar metafóricamente. 

Según Hattie (2009), la evidencia científica confirma que las siguientes estrategias de enseñanza relacionadas con actividades cognitivas tienen un impacto positivo en el rendimiento de los alumnos: 

  • Pensamiento estratégico y reflexivo. Mapas conceptuales: desarrollo de representaciones gráficas de la estructura conceptual del contenido a aprender. 
  • Hacer preguntas: las buenas preguntas mejoran la comprensión, el aprendizaje y la memoria. 
  • Pensar sobre el propio pensamiento y aprendizaje (metacognición). Las actividades metacognitivas incluyen: planificar como hacerla; evaluar el proceso; y, monitorizar la comprensión. La evidencia dice que es más efectivo si se aplican en grupos pequeños de aprendizaje. 
  • Enseñar a resolver problemas.
Para Robert Swartz y David Perkins (2009), aunque todo el mundo es capaz de pensar, no siempre se piensa de la mejor manera.

En las últimas décadas, educadores, psicólogos y filósofos han dedicado grandes esfuerzos en aumentar la presencia del aprendizaje basado en el pensamiento en las escuelas. Para tomar decisiones importantes, resolver problemas, responder de forma creativa o para ejercitar nuestro juicio libre de prejuicios y visiones desviadas, necesitamos desarrollar habilidades de pensamiento crítico y creativo. Los dos autores proponen utilizar diferentes rutinas y destrezas de pensamiento para aprender a pensar, y aplicar nuevos principios:

  1. El pensamiento humano tiende a ir con prisas, es corto de miras, vago y confuso, pero las evidencias muestran que es posible mejorarlo.
  2. Para mejorar nuestro pensamiento, necesitamos cultivar de manera explícita el uso de organizadores verbales y gráficos.
  3. La infusión del pensamiento en los contenidos curriculares ayuda a mejorar la calidad del pensamiento y la comprensión de los contenidos.
  4. El desarrollo del pensamiento requiere cultivar tres aspectos: habilidades, procesos y disposiciones.
  5. La atención explícita al pensamiento durante el aprendizaje del contenido, es básica para hacerlos competentes y conseguir la transferencia con otros contextos.
  6. La metacognición y, especialmente, su nivel superior, que implica pensar sobre la forma de pensar, es un aspecto básico de la enseñanza del pensamiento.
  7. La enseñanza para la transferencia requiere dedicar un tiempo específico a la experimentación de aplicaciones más amplias y generalizar a otros contextos.
  8. La infusión del pensamiento en la enseñanza tiene que ser suficientemente frecuente y diverso para afianzar destrezas y profundizar en la comprensión del contenido.
  9. Para la infusión de pensamiento en la enseñanza, los colegios y los educadores tienen que comprometerse con un proceso continuo de formación personal.

El PCC contribueix a consolidar les següents habilitats, actituds i virtuts de les sis fortaleses AIRISS per al segle XXI, per cada una de les cinc dimensions de creixement personal. 

Para el doctor Wiliam, por muy bueno que sea un profesor enseñando, este hecho no implica necesariamente que el alumno aprenda. 

Evaluación formativa (a partir de ahora AF). Después de décadas de estudio e investigación sobre como mejorar el aprendizaje de los alumnos, Dylan William (2009) compara la evaluación con un puente entre la enseñanza y el aprendizaje. Es necesaria una comunicación continua de evidencias de aprendizaje de los alumnos, que ayuden al profesorado a adaptar su enseñanza a cada situación de aprendizaje. El investigador identifica cinco estrategias básicas para una evaluación formativa de calidad: 

  1. Clarificar, comprender y compartir las intenciones de aprendizaje (objetivos y criterios de evaluación).
  2. Crear tareas, actividades y conversaciones efectivas que hagan aflorar las evidencias de aprendizaje.
  3. Proporcionar feedback que promueva la mejora de los aprendices.
  4. Activar unos alumnos como recursos del aprendizaje de los otros.
  5. Activar a los alumnos como dueños de su propio aprendizaje.

La evidencia científica certifica (Hattie, 2009) que las cinco estrategias de la evaluación formativa propuestas por Wiliam, tienen un efecto muy positivo en la mejora del rendimiento de los alumnos.

El AF contribuye a consolidar las siguientes habilidades, actitudes y virtudes de las seis fortalezas AIRISS para el siglo XXI, por cada una de las cinco dimensiones de crecimiento personal:

Aprendizaje competencial y proyectos

El aprendizaje competencial y el trabajo por proyectos (a partir de ahora ACP) supone poner la ciruela al pastel del método DREAM SCHOOLS. Con ellos se consolida el trabajo en equipo, se pone en contexto el pensamiento crítico y creativo en un aprendizaje significativo, interdisciplinario y global, se favorece un buen puñado de posibilidades que faciliten la adaptación al nivel de reto y motivación de cada alumno, y una evaluación eficaz del proceso de aprendizaje. Según la neuroeducación, para conseguir un aprendizaje que perdure hay que empezar por conectar lo que aprendemos con lo que ya sabemos, y a partir de aquí construir el conocimiento nuevo, introducir y profundizar los nuevos contenidos a través de metodologías activas y finalmente aplicar lo que hemos aprendido competencialmente para resolver un problema o situación contextualizada y cercana.

Los proyectos pueden ser muy diversos, desde los que tienen como objetivo el conocimiento hasta los que están orientados al aprendizaje, normalmente hacen frente a una investigación o a la resolución de un problema. Todos ellos deben estar centrados en situaciones reales cercanas, físicamente o emocionalmente, a los alumnos. En función de las finalidades de aprendizaje se puede escoger un modelo u otro. El hecho de contextualizar una dificultad real y poder ofrecer una solución a personas concretas, favorece la motivación de los alumnos y su implicación en un aprendizaje al servicio de la comunidad y la mejora de su propio mundo.

El Design Thinking integra eficazmente la comunicación empática y la creatividad, dos habilidades necesarias para desarrollar proyectos con impacto social y valor añadido.

El ACP contribuye a consolidar las siguientes habilidades, hábitos y actitudes de las seis fortalezas AIRISS para el siglo XXI, por cada una de las cinco dimensiones de crecimiento personal.

Aprendizaje personalizado y tecnología

La educación personalizada parte de dos consideraciones. Por un lado, del desarrollo de cada alumno como persona autónoma, singular y abierta a otros y al mundo. Por otro lado, de la creación de las condiciones óptimas para el crecimiento de cada alumno a partir de su situación madurativa.

Para David Bueno, experto en neuroeducación (2019):

“Cada cerebro es diferente y la educación tiene que ser tan personalizada como sea posible, para sacarle el máximo partido.”

Isauro Blanco, en su libro “Mindware” (2014), comenta que:

“El cerebro es tan inteligente como necesita serlo y, si no hay más desarrollo neurológico es por falta de retos, de problemas por resolver y de la metodología para obtener resultados; el cerebro está diseñado para la supervivencia y este principio debe ser considerado para aplicarlo en la educación.”

El aprendizaje personalizado y la tecnología (a partir de ahora APT) permiten adaptar el nivel de reto a cada alumno para atender las necesidades específicas de cada aprendiz. Así se consigue estimular y motivar su aprendizaje, detectar sus necesidades específicas y eliminar las barreras del aprendizaje, a la vez que se les empodera gracias al potencial de aprendizaje que la tecnología gana día tras día.

En el 2001, en los Estados Unidos se aprueba la ley educativa “No Child Left Behind” y nace el movimiento arquitectónico inclusivo Diseño Universal. Bajo estas dos influencias, el equipo CAST (Centro para la Tecnología Especial Aplicada) dirigido por David Rose, crea el DUA (Diseño Universal para el Aprendizaje). Este modelo didáctico se basa en tres principios que proporcionan opciones universales: 1) la percepción; 2) la acción y la expresión; y 3) la motivación y la implicación en el aprendizaje. 

Los fundamentos del DUA, como los 7 principios de la motivación o los de aprendizaje convergen aclarando matices y reforzando aspectos básicos para garantizar un aprendizaje en clave de igualdad, inclusivo.

El APT contribuye a consolidar las siguientes habilidades, actitudes y virtudes de las seis fortalezas AIRISS para el siglo XXI, por cada una de las cinco dimensiones de crecimiento personal.

Seguir aprendiendo durante toda la vida

En 1998, Seymour Papert pronunció una conferencia en la Escuela Imperial de Londres titulada “El poder del niño: claves para el aprendizaje en la era digital”. Dijo que:

“Aprender mientras estás en el colegio lo que necesitarás a lo largo de tu vida, ya no funciona. Las habilidades que aprendas en la escuela ya no servirán, todas habrán quedado obsoletas cuando llegues a tu lugar de trabajo, excepto una: la única habilidad realmente necesaria es la capacidad de ser capaz de aprender. Esta habilidad de ser capaz, no de dar la respuesta correcta a preguntas sobre lo que te enseñaron en el colegio, sino a situaciones fuera del marco escolar. Es necesario educar a personas que sepan actuar cuando se enfrentan a situaciones para las que no fueron especialmente preparados.”

Este tipo de aprendizaje es principalmente un aprendizaje competencial y tiene la calidad de generar aprendices expertos. Es un aprendizaje que va más allá de las habilidades y de los conocimientos y que desarrolla una serie de actitudes, hábitos y disposiciones, como la curiosidad, el pensamiento crítico, la resiliencia, la empatía, el compromiso o la sabiduría, que revisten a las nuevas generaciones de una fuerte consciencia sobre el valor y las oportunidades de aprendizaje que tienen diariamente en su entorno, dentro y fuera del colegio.

Para Ron Ritchhart, la mejor manera de interiorizar estas disposiciones es con la creación de una cultura donde estén presentes de forma cotidiana las condiciones necesarias para su desarrollo. 

Después de años de investigación, Ritchhart describe, en su libro sobre culturas de pensamiento (2002), ocho fuerzas culturales que constituyen el motor para la creación del entorno de aprendizaje ideal donde los alumnos puedan desarrollar las disposiciones que les permitan convertirse en aprendices expertos y aprender a lo largo de la vida: 

  • Expectativas de aprendizaje. 
  • Oportunidades ricas e interesantes. 
  • Tiempo para pensar. 
  • Modelo de aprendiz. 
  • Lenguaje de pensamiento. 
  • Entorno donde el pensamiento es visible. 
  • Interacciones entre aprendices y contenidos. 
  • Estrategias de pensamiento.

Para ayudar a crear una cultura potenciadora del aprendizaje, el modelo DS proporciona a los docentes un amplio conjunto de herramientas especialmente diversificadas y seleccionadas para poder escoger, en cada momento, las que mejor se adapten a la situación de aprendizaje. Hay 17 infografías que resumen las metodologías y 86 herramientas de ocho tipos:

#rutinapensamiento
#estrategiapensamiento
#técnicapensamiento
#técnicacooperativo
#técnicacreativa
#técnicaproyectos
#proyectos
#instrumentoevaluación

Bibliografía

Richard Gerver (2012). “Crear hoy las escuelas del mañana”. Biblioteca de Innovación educativa. SM.

David Perkins (2016). “Educar para un mundo cambiante”. Biblioteca de innovación educativa. SM.

Jacques Delors (1996). “La educación encierra un tesoro”. UNESCO.

Víctor García Hoz (1985). “Educación Personalizada”. Rialp

Todd Rose (2017). “Se acabó el promedio. Cómo tener éxito en un mundo que valora la uniformidad”. HarperCollins Español.

Carol Dweck (2016). “Mindset. La actitud del éxito”. Ed. Sirio.

Hanna Dumont, David Istance i Francisco Benavides (2010). “La Naturaleza del Aprendizaje. Investigación para inspirar la práctica”. OCDE.

John Hattie (2017). “Aprendizaje visible para profesorado”. Didáctica y desarrollo.

Isauro Blanco (2017). “Mindware. Neuropsicología aplicada a la educación”. Editorial Morsan Internacional.

David y Roger Johnson (1994). “El Aprendizaje cooperativo en el aula”. ASCD.

Ron Ritchhart, Mark Church, Karin Morrison (2014). Hacer visible el pensamiento. Paidós.

Robert Swartz. “Aprendizaje basado en el pensamiento” (2015) y “Pensar para aprender.” (2019). Biblioteca de innovación educativa. SM.

Wiliam Dylan (2011). “Embedding Formative Assessment”. Solution Tree Press.

David Bueno (2017). “Neurociencia para educadores.” Rosa Sensat.

Ron Ritchhart (2015). “Creating Cultures of Thinking: The 8 Forces We Must Master to Truly Transform Our Schools”. Jossey Bass.

Relacionado con: Article, Artículo

Compartir

2023-03-02T10:33:54+00:00

Leave A Comment


Go to Top