Nuestros alumnos necesitan un currículum renovado

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17 May 2021

La crisis sanitaria y económica nos da la oportunidad de repensar hacia dónde queremos llevar la educación

Por Jordi Viladrosa i Clua

Nos encontramos de nuevo con el debate sobre el rol que debe tener la escuela en la sociedad y cómo hay que formar a los ciudadanos del futuro. Las leyes educativas y los diversos gobiernos forman una pequeña parte de este reto, pero no son -o no lo deberían ser- los elementos principales de este cambio transformacional que se cree imprescindible. Actualmente, la última ley orgánica general, la LOMLOE (2020), entra de lleno en este debate y pretende ser un nuevo aggiornamento de la LOE (2006) más que una derogación de la norma que la ha precedido.

La educación siempre ha sido reconocida como un fenómeno de movilidad social (el llamado ascensor social) y es por eso mismo que el poder de turno la ha codiciado continuamente, porque no deja de ser un mecanismo de control. Cuando no hay consenso entre todos los actores que intervienen, los aspectos socioeconómicos y también ideológicos de cada uno de ellos procuran imponerse a los de los demás; al menos en cuanto a nivel del sistema, porque en el ámbito de los centros educativos ya no es tan fácil a pesar de los esfuerzos de buena parte de las administraciones educativas. Afirma Enric Roca que todo currículo es resultado de una acción política o, mejor, de un recopilatorio de decisiones de índole política, dado que no responden a argumentaciones de contrastación científica. Así pues, la neutralidad en materia de educación no existe.

El currículo como eje vertebrador del cambio que se procura

Estamos inmersos de nuevo en la escena de la modificación del currículo, su definición, los elementos que lo conforman y las fuentes de las que se parte para el diseño curricular de referencia. La polémica ni es nueva ni es original porque, a pesar de que hace quince años que hablamos de competencias, lo cierto es que no paramos de darle vueltas y todavía no hemos encontrado la manera de avanzar en esta línea. Competencial o no, el currículo es un término complejo y si consultamos la bibliografía cada autor lo define en función de su pensamiento porque se encuentra inmerso en ideologías e intereses de organismos y personas muy diferentes que pugnan entre sí. Desde el ámbito estrictamente pedagógico, es un elemento nuclear del sistema educativo porque de él dependen muchos otros aspectos que afectan a los contenidos, la organización escolar, la inclusión educativa, las estrategias de aprendizaje, la evaluación, etc. En la LOMLOE se entiende por currículo el conjunto de objetivos, competencias, contenidos, métodos pedagógicos y criterios de evaluación de cada una de las enseñanzas que regula la mencionada Ley. Se establece también la distribución de competencias curriculares entre las diferentes administraciones educativas y los centros escolares.

Propuestas para fortalecer la formación personal y académica de los alumnos

En mi opinión, el primer aspecto que debemos considerar es que habría que vaciar el currículo de todos aquellos contenidos que no formen parte de un corpus de conocimientos básicos (imprescindibles y consensuados) y comunes (para todo el alumnado) en el marco de una educación tan personalizada como sea posible.

Vaciar el currículo de los contenidos que no formen parte de los conocimientos básicos y comunes en el marco de una educación personalizada

Un segundo aspecto tiene que ver con la adquisición de aquellas habilidades y técnicas de trabajo intelectual que faciliten el aprendizaje autónomo y la búsqueda inteligente de la información necesaria para resolver pequeños retos, problemas o casos que hagan imprescindible el trabajo interdisciplinario de los diversos ámbitos de conocimiento (lingüístico, matemático, conocimiento del entorno natural y social, etc.)

Un tercer eje que trabajar serían las competencias digitales y las competencias personales trabajadas de manera transversal.

Un último bloque que configurar debería ser el de la evaluación entendida como proceso regulador del aprendizaje y no como una calificación, aspecto

que hay que reservar para el final, cuando sea necesario certificar que se han alcanzado los objetivos pretendidos.

Superación de dicotomías

Conocimientos y competencias

Se suele aceptar que vivimos en la sociedad del conocimiento. Un conocimiento que hay que utilizar para algo que vaya más allá de su almacenamiento en nuestra cabeza; una afirmación que no significa que debamos prescindir de la memoria a largo plazo, ya que es la que nos permite no cargar nuestra memoria de trabajo. No me parece que haya quedado demostrado que el conocimiento factual (el aprendizaje de hechos), por ejemplo, esté contrapuesto a un enfoque competencial del currículo. No encuentro nada productivo contraponer los conceptos. Encontré ilustrativa la comparación que hace Jaume Trilla en un artículo[5] entre la clase magistral expositiva y la clase magistral activa; ambas modalidades con sus virtudes y carencias, cierto; pero ambas compatibles -especialmente la segunda- con lo que hoy llamamos learning by doing y otras metodologías que actualmente consideramos emergentes. Me temo, sin embargo, que buena parte de los defensores de impartir docencia basada principalmente en la exposición oral lo que defienden, de hecho, es que la mejor manera de aprender que tienen los alumnos radica en la transmisión de los conocimientos por parte de sus profesores. Y acto seguido demostrarlo en un examen de tipo tradicional, para entendernos.

En Cataluña la implementación del currículo por competencias en la enseñanza obligatoria empezó en 2008 partiendo de la LOE (2006) e identifica ocho competencias básicas y las incorpora al currículo. Cuando nos referimos a las competencias, hay bastante consenso en entenderlas como la capacidad de utilizar las habilidades, los saberes y conocimientos que adquirimos y vamos incorporando a lo largo de la vida con el fin de aplicarlos en situaciones cotidianas y en contextos concretos. Ninguna incompatibilidad insalvable, pues, entre competencias y conocimientos, en mi opinión.

Históricamente hemos distinguido dos tipos de saber o de conocimiento: el teórico y el práctico. El primero se centra en toda aquella información que nos permite conocer el mundo que nos rodea; el segundo, tiene más que ver con el saber hacer, en la interacción con el medio natural, social, cultural, etc. Entiendo que no hay contraposición sino complementariedad entre ambos conceptos.

La teoría y la práctica

Muchas veces nos encontramos con profesionales educativos que contraponen el marco teórico con la práctica cotidiana en el aula, como si fueran campos opuestos. ¿Qué maestro hay que no base su praxis en algún postulado teórico? Actuar así denotaría una cierta falta de profesionalidad, ya que no podemos caer en la simplificación que lo teórico no es práctico y viceversa. Si hay interferencias entre ambos campos seguramente es debido a la diferente interpretación del significado de la terminología que no para de cambiar. Los conceptos tienen la fuerza que tienen, pero por sí solos no comportan ningún cambio y menos aún una innovación educativa. Pienso que hay que trabajar en la línea de recuperar la confianza entre la profesión docente y la investigación educativa científica

Hay que trabajar en la línea de recuperar la confianza entre la profesión docente y la investigación educativa científica

El espacio aula, como concepto, es el punto de encuentro entre lo prescrito por las administraciones educativas, el proyecto educativo de cada centro y la interpretación de todo ello que hace cada uno de los profesores de cada una de las diferentes etapas del sistema.

Una nueva situación a la que hay que dar nuevas respuestas

Estamos ante un panorama que nos permite pensar en la desaparición de muchas profesiones parametrizables. Los avances de la tecnología auguran una pérdida sustancial de puestos de trabajo que serán sustituidos por otros que aún están por definir o que apenas empiezan a aflorar. La robótica, por ejemplo, ocupará el lugar de los humanos en tareas mecánicas y repetitivas. En la otra cara de la moneda tenemos las consecuencias de la Covid-19: ¿es coyuntural o es estructural el factor teletrabajo? ¿Cómo afecta al sector educativo ahora y como lo hará a medio plazo? ¿Nos es útil el currículo de referencia que tenemos vigente y el previsto en la enésima nueva ley? ¿Tiene, pues, futuro el modelo actual de centro educativo?

La respuesta a estos interrogantes nos permite dibujar un panorama doble: uno, con la visión política clásica: planes a cuatro años, centrados en lo que el electorado quiere oír y encadenando promesas que si no se cumplen no pasa nada; u otro, con una visión más estratégica, más propia de los centros de estudios o los think tanks.

El modelo memorístico clásico, repetitivo y descontextualizado, tan propio aún del modelo educativo actual, debe ser sustituido por otro en el que la formación del alumnado les haga personas útiles para la sociedad y no solo para las empresas y su modelo productivo. Ken Robinson en uno de sus múltiples TEDx y entrevistas nos recuerda que los fines de la educación tienen que ver con cuatro campos: la economía, la cultura y la tradición (los valores), la ciudadanía activa y comprometida y el crecimiento y desarrollo personal. Esto es, centrar las tareas en aspectos como la sostenibilidad y el medio ambiente; conocer bien la propia cultura para entender mejor la de los demás y ser tolerantes; el civismo; la personalización abierta a los demás sin olvidar la interioridad de uno mismo.

Promover un cambio en este sentido pasa también porque las escuelas del futuro tengan líderes al frente y no solo directivos. Líderes enfocados en lo que es importante por delante de directivos centrados en la gestión de las diversas problemáticas y tareas burocráticas que genera el propio sistema.

Promover un cambio en este sentido pasa también porque las escuelas del futuro tengan líderes al frente y no solo directivo.

Preparar estos nuevos perfiles de alumnado conlleva enseñar a pensar y hacerlo críticamente, resolver problemas y retos (con aportaciones de la robótica, la inteligencia artificial, el sentido de los algoritmos, etc.), a conocer y llevar a la práctica las soft skills: habilidades de comunicación, capacidad de gestionar bien la información, la toma de decisiones y la resolución de conflictos, el trabajo en equipo colaborativo, el uso adecuado del tiempo, estimular el pensamiento divergente y la creatividad…

En definitiva, no hay que menospreciar el modelo subyacente en la legislación vigente centrado en una visión competencial de la educación, sino hacerlo posible cambiando -prioritariamente- las metodologías y la evaluación. La pedagogía y la didáctica pueden ser más útiles que nunca.

Referencias

LOMLOE (2020). Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOMLOE) publicada en el BOE de 30 de diciembre 2020.

LOE (2006). Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (derogada actualmente)

Roca, E. (12/08/2021). L’autonomia curricular. http://www.elpuntavui.cat/opinio/article/8-articles/1951559-l-autonomia-curricular.html [Consulta: 05/14/2021]

Enciclopèdia.cat. Organización de los objetivos, el contenido, los métodos educativos y las estructuras de enseñanza y aprendizaje que constituyen el currículo escolar. https://www.enciclopedia.cat/ec-gec-0272475.xml [Consulta: 05/14/2021]

Trilla, J. (05/05/2021). Dues classes de classes magistrals. https://diarieducacio.cat/dues-classes-de-classes-magistrals/ [Consulta: 15/5/2021]

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2023-03-02T10:11:02+00:00May 17th, 2021|Tags: , |

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