por Ana Moreno Salvo
Pepe Menéndez es asesor de instituciones y gobiernos de varios países, y uno de los creadores del proyecto de innovación educativa Horitzó 2020 de la Red de Colegios Jesuitas de Cataluña, de la que fue director adjunto. Es cofundador de la asociación europea de escuelas Education International, así como asesor de diversas fundaciones sociales del conocimiento en España.
Entrevista a Pepe Menéndez
¿Qué debemos enseñar hoy para garantizar un conocimiento que nos haga más humanos? ¿Nos podría decir qué tres enseñanzas priorizaría usted?
Yo citaría tres enseñanzas que, desde mi punto de vista, habría que priorizar. La primera sería enseñar a buscar información, a discernir las fuentes y a estructurar un pensamiento fundamentado en datos con rigor. Lo que podríamos sintetizar con la idea de aprender a aprender. Para eso también tengo que estudiar. Y sobre todo, la escuela debe ayudar a estructurar un pensamiento bien fundamentado en el rigor que nos producen los datos, que nos produce la propia historia, las propias fuentes con las que podemos contar. Esto es aprender.
La segunda prioridad para mí sería trabajar en equipo, saber trabajar en equipo con otros, que parece una redundancia. Pero significa también una capacidad de entender otras formas de ser y de pensar. Es decir, que contenga la voluntad de aprender entendiendo otras formas de ser y de pensar. Y especialmente con una actitud que significa que aprendo de los otros en toda su diversidad. Dicho de otro modo, aprender a hacer y aprender a convivir.
Y la tercera prioridad sería conectar los aprendizajes con la construcción y desarrollo del proyecto de vida personal, que, en palabras del legado que nos dejó el informe Delors, sería aprender a ser.
Aprender a aprender, aprender a convivir y aprender a ser: los tres pilares de una educación con sentido
¿Cómo cree que debería resolverse el binomio ser y saber a las puertas de la era de la inteligencia artificial?
Sabemos que la inteligencia artificial no es inteligente en la medida en que se aprovecha de los datos que los seres humanos le damos. Las grandes herramientas que el ser humano se ha dado a lo largo de la historia, desde la rueda, el fuego, la imprenta, la pólvora, el rayo láser, todas son muy potentes para hacer el bien y para hacer el mal. Si la educación no es capaz de entender que la tecnología forma parte de la existencia humana y de las herramientas que tenemos que utilizar en función de nuestro proyecto educativo, la pregunta será: ¿qué otros gobernarán la educación?
La inteligencia artificial es una herramienta poderosa, pero depende de cómo los humanos la utilicen
¿Qué significa para usted el valor de humanizar la escuela y el aprendizaje como procesos restaurativos?
Desde mi punto de vista, tendríamos que mirar con una visión restaurativa, que no significa empezar a demoler o hacer una visión hipercrítica de todo el pasado sin tener en cuenta determinados contextos.
A mí me parece que uno de los ejemplos más evidentes es que la educación no siempre ha sido un elemento de humanización. Muchas veces ha sido un elemento de dominio, incluso de forzar la personalidad de los alumnos para que se adapten a una manera de ser, a un perfil, no solo en la consideración cultural, sino también en las formas, en las identidades.
La mirada restaurativa, desde mi punto de vista, es una mirada desde el amor, desde el agradecimiento, pero desde la capacidad de construir un pensamiento crítico que nos lleve a preguntarnos qué es lo que va a hacer que la escuela realmente sea más humana.
¿Cuáles son los aspectos clave de la educación en la libertad de los alumnos?
Si nos centramos en potenciar el proyecto de vida de los estudiantes, es importante que el alumno sea realmente el protagonista a la hora de tomar decisiones y que sea respetado su proceso personal. La libertad, para mí, tiene que ver con la capacidad de que el sistema se adapte a mí y no al revés.
Lo que no puede ser es que un estudiante entienda de que pasar por la escuela es una especie de sacrificio con el que debe cumplir, y que la libertad, la creatividad, la toma de decisiones ya vendrán después, cuando sean adultos.
Educar en la libertad significa respetar el proceso personal del alumno y permitirle tomar decisiones desde temprano
¿Cómo la metodología de la pregunta puede fomentar una educación integral, una educación para ser, que pone a toda la persona en el centro del proceso educativo?
Aprendemos haciéndonos buenas preguntas. Una buena pregunta es aquella que me obliga a buscar información, a leer, a contrastar y a decidir cuál me parece mejor. Y, aún mejor, si esas preguntas son para un buen trabajo en equipo, en el que trabajando entre iguales aprendo más de los otros, a través de su diferente manera de ver la realidad.
Para mí, aprender con preguntas es aprender a hacer conexiones entre diferentes saberes. En estos momentos, el instrumento que me conecta con una enorme potencia con la información es la tecnología. Las metodologías son siempre funcionales, instrumentales, no son, normalmente, un fin en sí mismas.
La pregunta es un recurso clásico, la metodología por excelencia del aprendizaje, ahora potenciada por la IA
¿Qué rol docente exige esta nueva forma de entender la educación y cómo trabajar la identidad educadora del docente para que sepa acompañar, para ser modelo?
Creo que ahora es más difícil ser docente que nunca, porque todo es mucho más horizontal que hace 40 años. Y porque incluso el acceso al conocimiento, el acceso al saber, la propia concepción cultural de la dignidad de la persona, de sus derechos, ha evolucionado muchísimo.
Las profesiones que tienen relación con el ámbito del conocimiento son mucho más exigentes ahora y piden unas competencias mucho más polivalentes de las que se pedían hace años.
Muchas veces las grandes conquistas nos ponen nuevos desafíos.
La exigencia de que toda la población tenga un buen nivel educativo es un desafío enorme. Y desde mi punto de vista, también debería ser paralela a las propias condiciones sociales, educativas, culturales y económicas de un país.
Nadie enseña lo que no ha vivido, lo que no sabe en términos experienciales. No se aprende a trabajar en equipo con un docente que haya leído grandes libros sobre el trabajo en equipo. No se aprende a acompañar a un estudiante, si yo, por ejemplo, no he vivido el propio proceso de acompañamiento de mi equipo directivo, de personas que a mi alrededor me han hecho crecer a lo largo de mi vida profesional.
Seguimos con paradigmas antiguos en la profesión, cuando los desafíos han cambiado muchísimo
¿Cree posible que un día las máquinas asuman el papel de la escuela?
Si la escuela sigue poniendo el foco fundamental en ser un espacio de transmisión de información, los docentes se verán poco a poco sustituidos por la tecnología. Pero, en cambio, si la escuela se centra en lo más valioso que tiene, que es que está ayudando al progreso de formación integral de niños y adolescentes, es decir, de seres humanos, si se centra en ese foco, alrededor del aprendizaje de conocimientos, entonces es insustituible.
Si la escuela se centra en lo más valioso que tiene, que es que está ayudando al progreso de seres humanos, entonces es insustituible
Una máquina, por lo menos la que imaginamos, no puede empatizar emocionalmente más allá de las palabras educadas que utilice. Si perdemos el sentido que tiene la propia función de magisterio, ‘magister’, el que enseña por contagio, perderemos el factor humano y entonces podremos ser sustituidos por máquinas. Pero si nos centramos en el proceso de humanización de la escuela, esta es insustituible. Los seres humanos son insustituibles.
¿En qué se caracteriza el liderazgo escolar que haga que las cosas pasen?
Las personas, cada vez más, y los docentes siempre, no hemos hecho las cosas por decreto, sino por convicción. El hecho de que el docente esté solo, normalmente, en el aula, hace que tenga que estar convencido de las cosas para que realmente las haga.
Necesitamos liderazgos orientados a la mejora de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Necesitamos liderazgos vinculados al acompañamiento de los alumnos, a la creación de contextos relacionales que favorezcan estos aprendizajes. Un buen líder tiene conocimientos de pedagogía y de acompañamiento de personas hacia un proyecto común.