La eficacia de la digitalización responde a un proyecto educativo de centro

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11 November 2022

La implicación de todos los agentes educativos en el proyecto global es lo que permite avanzar en un clima de reconocimiento y confianza mutua

por Jordi Viladrosa i Clua

Miquel Àngel Prats es maestro, psicopedagogo y doctor en Pedagogía. Actualmente, es profesor titular de Tecnología Educativa e investigador responsable de la línea eduTIC del Grupo de investigación consolidado PSiTIC (Pedagogía, Sociedad, Innovación y TIC) de la Facultad de Psicología, Ciencias de la Educación y del Deporte Blanquerna de la Universidad Ramon Llull. Es también asesor pedagógico del CETEI (Centro de Tecnologías Ituarte), y colaborador del Proyecto Edu21. Durante su vida profesional, ha compaginado la actividad académica universitaria con la actividad divulgativa en diferentes medios de comunicación. Su último libro es el ensayo “Viure en digital. Como educamos para el mundo de hoy”, publicado por la editorial Eumo.

Hablamos con él sobre los retos que presenta la transformación digital educativa y el papel de los agentes que participan en ella. Destaca la necesidad de la formación del profesorado, la comunicación con las familias y deja entrever un punto de crítica con la universidad que, tal vez, debería implicarse un poco más.

Entrevista a Miquel Àngel Prats

Uno de los conceptos que más repetimos todos últimamente es el de transformación educativa. Si lo acotamos un poco y hablamos de transformación digital de un centro educativo, la primera pregunta que nos viene a la cabeza es por dónde empezar. ¿Qué nos puedes contar de tu experiencia en este campo?

Cuando hablamos de transformación digital, lo primero que me viene a la mente no son los instrumentos y la tecnología, sino las personas. Esto creo que es importante porque no se trata de llenar de tecnología la organización, centro educativo, la institución…, sino sobre todo de poner a la persona en el centro que, en este caso, es el alumno.

Todo esto significa que los diferentes agentes implicados en el ámbito de la transformación digital son los que deben tener un papel relevante: el equipo directivo, el profesorado, los tutores, las familias y, lógicamente, los alumnos.

Recuerdo una experiencia muy interesante cuando estuve como director del Centro de Tecnologías Ituarte de la Fundación Juan XXIII, en la misma escuela de los Jesuitas y en el mismo centro Juan XXIII: el equipo directivo era quien daba el primer paso y, por tanto, tenía una gran capacidad de influencia a la hora de liderar los proyectos pedagógicos. Hay un equipo humano que hace de “tractor”, impulsa y promociona al resto de la organización; al profesorado se le acompañaba y se le formaba en torno a todas estas cuestiones; los tutores eran agentes mentores muy importantes de la relación pedagógica con el alumnado. Y después vemos que las familias debían estar muy bien informadas de todo lo que se hacía, una de las carencias que tenemos en el sector educativo. Y, por último, con el alumnado había mucha complicidad que, en procesos de transformación digital, significa precisamente que no se les dejaba al margen.

Concretamente en el Juan XXIII teníamos la experiencia de lo que llamábamos los agentes TIC. Eran alumnos que, quizá por su talante, eran brillantes en cuestiones tecnológicas y podían ayudarnos a la hora de dar un apoyo y acompañamiento al resto de compañeros y otros alumnos.

Cuando das una cierta relevancia a los alumnos para que asuman un papel, un rol dentro de la propia organización en un proyecto determinado, de repente todo el mundo acaba teniendo ganas de decir: “¿Pero qué está haciendo? ¡Yo también tengo ganas de ser un agente TIC!”. Se trata, en fin, de una cuestión de proyecto global.

¿Cómo se consigue que el profesorado amplíe su competencia digital docente con el objetivo de que el alumnado sea el protagonista de su propia transformación digital?

Probablemente, uno de los cambios más importantes que creo que tendremos en el siglo XXI es el del “live for learning”, es decir, el hecho de que podamos estudiar una carrera y que esto suponga que nos acabamos dedicando toda la vida no es sostenible. Las personas necesitan, y más los maestros, un constante reciclaje, cada vez más intenso. Por tanto, quizás tendremos que inventar algún tipo de estancia o de semestre sabático para que el profesorado podamos tener tiempo para poder apartarnos un poco, ponernos al día y volver a continuar después. Los cursos de 20-30 horas a los que estamos acostumbrados son migajas. Me parece que una parte de la innovación en el ámbito docente tendrá que ir en esa línea.

El profesorado necesitamos tener tiempo para poder apartarnos un poco, ponernos al día y volver a continuar después

Será necesaria una formación, un acompañamiento con contexto, que supone la cultura del rendimiento, de rendir cuentas. Tenemos otra vía de innovación docente que nada tiene que ver con la tecnología. Me refiero a que haya dos docentes en un aula, o más, porque es importante que se pueda trabajar en equipo; la codocencia creo que será uno de los aspectos destacados.

Este planteamiento implica hablar de incentivos. El profesorado también necesita ver, conocer, tocar, y aunque sea muy evangélico, es verdad que necesitamos poner el dedo en la llaga para creer en él. Esto significa que una forma de formarnos también puede venir por el “turismo pedagógico”, es decir, por el hecho de conocer experiencias de escuelas que son exitosas y que cuando el maestro ve que lo realmente es posible se lo cree. Es una forma de poder compartirlo con el claustro de tu escuela. No todo ocurre siempre por los incentivos económicos, sino liberándolo de horas, por ejemplo. Si ahora mismo hiciéramos una encuesta al profesorado, probablemente lo que pida es tiempo, tiempo para pensar, para reflexionar, para poder crear y tener capacidad de compartir la experiencia.

Una forma de formarnos puede venir por el “turismo pedagógico”, conocer experiencias de escuelas que son exitosas
¿Cuáles son, a tu juicio, los ejes clave de la imprescindible coordinación entre los actores implicados para “vivir en digital” a la hora de educar para el mundo de hoy?

Hay cuatro actores clave que están muy presentes: la administración, la universidad, la escuela y la empresa. Para mí, este conjunto, ese ecosistema, debe estar en comunicación y con diálogo constantes.

Cuando hablo de la administración no me refiero solamente a la educativa sino a toda la administración, porque nos interesa tener un buen ejemplo de comunicación Interdepartamental, es decir, que el departamento de educación, pongamos por caso, también tenga buena comunicación con el departamento de políticas digitales.

La universidad creo que tiene un gran reto de antemano y es que debe estar muy vinculada a la escuela,sobre todo las universidades como la que yo me encuentro, que son de formación inicial. En estos momentos necesitamos mucho el diálogo con la escuela porque en muchos casos es precisamente la escuela la que va más adelantada. Pienso que la asignatura pendiente la tiene la universidad: los profesores universitarios debemos ser algo más ejemplares con la utilización de la tecnología o de las metodologías.

Los profesores universitarios debemos ser más ejemplares con la utilización de la tecnología o de las metodologías

Y también necesitamos mejorar la comunicación con la empresa. No por eso debemos “vendernos” a lo que necesite el mercado; la empresa tiene unas necesidades, pero a la universidad también se le debe respetar el cultivo del espíritu crítico y del conocimiento. Por tanto, es importante saber qué necesita la empresa para poder aportar el conocimiento necesario. Una relación de interdependencia con enriquecimiento mutuo.

¿Cómo saber si la digitalización es eficaz para lograr unos aprendizajes competenciales como los que nos pide la legislación europea actual y la nuestra? ¿Qué metodologías están dando mejor resultado?

Podemos saber si la digitalización es eficaz o no cuando responde al proyecto educativo de centro, esto es, cuando este proyecto es coherente. Si no existe este proyecto o no se tiene claro, entonces empezamos a ver grandes explosiones de tecnología o proyectos que no sabes muy bien por dónde van. Por tanto, hay que pedir a las escuelas o a las organizaciones educativas que definan muy claramente cuáles son sus intenciones, sus prioridades, su plan, porque eso nos dará la razón por la que utilizaremos el entorno tecnológico.

Hay que pedir a las organizaciones educativas que definan muy claramente cuáles son sus intenciones, sus prioridades y su plan

Y, después, cuando hablemos de las metodologías, diría que en estos momentos las escuelas, los equipos directivos y los claustros deberían preguntarse el “por qué y el qué” antes del “cómo”. En estos momentos tenemos un reto muy grande que es encontrar el equilibrio metodológico: una buena clase magistral también es necesaria, también es importante que demos conocimiento, como también es importante que los alumnos trabajen en equipo.

Una de las dificultades actuales a la hora de dar clase es conseguir que los alumnos presten suficiente atención. ¿Nos dispersa la tecnología? ¿Qué debería hacer un profesor para que las tecnologías educativas sean una herramienta útil y no elemento de distracción?

Diría que sí, nos dispersa y mucho; luchar contra la tecnología es muy complicado.

Estas Navidades que se avecinan tendremos la oportunidad de estar muchas familias en la mesa y la principal amenaza que tendremos será el móvil. Una forma de combatir esta seducción por las tecnologías es dejarlo apartado y de repente la gente tiene ganas de escuchar y aquí es cuando empiezan las cuestiones interesantes, las historias de vida de cada uno de los miembros de la familia que nadie conocía: cómo se conocieron los abuelos, o los padres, cuál fue el primer beso de la madre… es decir, anécdotas, historias, relatos que a veces son mucho más interesantes que un widget digital.

¿Qué debería hacer un buen profesor para que las tecnologías sean una buena herramienta para sus alumnos? Pues, probablemente, encontrar ese equilibrio, saber cuándo las debe utilizar y cuándo no, saber cuándo pueden hacer volar la imaginación con un alumno y que las pueda utilizar para poder crear según qué; en otro momento que sean capaces de escuchar una historia, imaginarla, prestar atención. Sobre todonecesitamos ser buenos modelos de comportamiento porque, en el fondo, lo primero que hacen es mirarnos constantemente, estamos en constante evaluación por parte de nuestros niños y adolescentes. Es lo de “no prediques nada que no hagas” porque en el fondo la autoridad moral muy a menudo lo es todo.

Necesitamos ser buenos modelos de comportamiento porque estamos en constante evaluación por parte de nuestros niños y adolescentes
En tu ensayo “Viure en digital” planteas la capacitación digital de la ciudadanía como un paso previo a la insoslayable transformación digital que afecta a nuestra forma de vivir, de relacionarnos y de trabajar. ¿No llega siempre con retraso, el sistema educativo?

Sí, solemos ser lentos. Más aún, y esto es muy curioso, somos una organización llena de expertos en procesos de enseñanza-aprendizaje y precisamente es la organización que menos aprende o que le cuesta más aprender, es como una paradoja. Creo que tiene mucho que ver con la gestión del cambio, la forma en que lo gestiona la escuela. Nos aferramos a lo más familiar y, como nos da mucha seguridad, cualquier cosa que viene de fuera nos cuesta una barbaridad. Deberíamos procurar ser muy reflexivos sobre cómo trabajamos.

Un ejemplo: hace poco me llevé a los alumnos del máster de Innovación Pedagógica y Dirección de Centros de mi universidad a una estancia de fin de semana donde hacíamos una serie de actividades gamificadas, de juego grupal para trabajar en equipo. En el fondo pudimos ver cómo funcionaban algunas analogías con el mundo de la escuela llevadas al mundo del juego. Y nos dimos cuenta de que, si estos juegos pudiéramos hacerlos en el claustro, podríamos reflexionar muchas veces sobre por qué nos cuesta tanto comunicarnos, o por qué nos cuesta tanto que algún departamento se relacione con el otro, etc. En el ámbito educativo, llevarte a tu claustro para que trabaje toda una serie de habilidades socioemocionales y de trabajo en equipo se hace poco. Y esto tiene mucho que ver con nuestro sector, que a veces está poco profesionalizado, es muy técnico, muchas veces no reflexionamos sobre por qué y cómo hacemos las cosas.

¿Cómo hacer que haya suficiente sintonía entre la familia, el profesorado y todos los alumnos a la hora de educarnos todos juntos para ser digitalmente competentes en un mundo tan complejo?

La primera cuestión es conocernos, porque a menudo pienso que el principal problema es que ni nos conocemos ni nos reconocemos entre los diferentes agentes implicados.

A veces, en un claustro hay gente que no se conoce, esto no quiere decir que no se saluden o que no sepan cómo se llaman, sino que no sabes nada de la otra persona y en el momento que facilitas el conocimiento de otro las cosas cambian con más facilidad. Por tanto, el conocimiento personal ayuda mucho a que las cosas fluyan, que los problemas, con sintonía, con cintura, se solucionen.

El conocimiento personal ayuda mucho a que las cosas fluyan, que los problemas, con sintonía, se solucionen

Encontrar espacios de encuentro para compartir lo que estás haciendo, cómo lo estás haciendo, para hacer gestión del conocimiento y detectar problemas, escucharnos de forma más activa puede ser una buena vía. En definitiva, conocernos y reconocernos, crear estos espacios que nos dedicamos a lo largo del año entre nosotros e identificar situaciones de mejora para ver realmente qué está pasando con esta escucha, probablemente es una manera de cuidarnos. En el fondo, la cuestión de la transformación digital no deja de ser que hemos de cuidarnos más y mejor unos a otros.

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2022-11-11T12:56:40+00:00
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