Evaluar a través de notas es poner el foco en la calificación

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13 June 2022

La evaluación formativa permite a los docentes tener un abanico más amplio de conocimiento y adecuar una enseñanza de manera individualizada

Por Jordi Viladrosa i Clua

Tradicionalmente, hemos identificado el hecho de evaluar con la recogida de datos por parte de los profesores que les permita obtener una calificación. Aunque abundan los instrumentos que se pueden utilizar, lo habitual es el examen o tareas escritas. Con la información obtenida y una serie de cálculos más o menos sofisticados, el profesor toma una decisión sobre si sus alumnos saben unos determinados contenidos y con qué nivel. Muy a menudo, cuando esto ocurre a final de un curso, suele estar en juego que se apruebe o no una asignatura y, en algunos casos, la posibilidad de permanecer un año más en el mismo nivel educativo.

Preocupación por la tasa de abandono escolar y la repetición de curso

Un hecho preocupante es que el 8,7% de los alumnos de secundaria repite curso en España, un dato cuatro veces mayor que el promedio de la OCDE (1,9%). Andreas Schleicher, director del programa PISA, afirma que “en los mejores sistemas educativos de la OCDE los colegios son los responsables de los resultados de los alumnos, mientras que, en España, si estos no obtienen los objetivos requeridos, se le hace repetir. En estos países, es el sistema educativo el que se adapta a los estudiantes y no al revés; se les atiende de forma individualizada y apenas hay barreras de carácter institucional”.

El sistema educativo debe adaptarse a los estudiantes y no al revés; se les debe atender de forma individualizada y sin barreras de carácter institucional
ética y equidad

Según Schleicher, “las experiencias demuestran que dar lo mismo a un estudiante que ha fracasado no le hace mejorar. En países con buenos resultados, como Finlandia, Japón, Corea y Canadá, la repetición, sencillamente, no existe porque es una medida ineficaz, cara y estigmatizante”. También coinciden con Schleicher muchos expertos en educación que constatan que hacer repetir curso genera frustración a los alumnos, hace crecer el abandono escolar y de nada sirve si no se cambia la metodología de aprendizaje. Jordi Musons,director de la escuela Sadako, comparte este punto de vista: “entendemos la repetición y la evaluación como poder del docente, como la amenaza para generar aprendizaje. El miedo puede ser una emoción que fomente el aprendizaje, pero es restrictivo a nivel emocional y no es positivo para el alumnado con mayores dificultades”. Además, hay otro dato que debería preocuparnos porque hace muchos años que no mejora mucho: según el Institut d’Estadística de Catalunya (Idescat), la tasa de abandono prematuro de los estudios en 2020 era un 17,4% en Cataluña, un 16% en España y un 9,9% en la UE-27.

Hacer repetir curso genera frustración a los alumnos, hace crecer el abandono escolar y de nada sirve si no se cambia la metodología de aprendizaje

¿Cuál es el objetivo de la evaluación?

El fenómeno del éxito educativo vinculado a las notas tiene un importante peso en nuestra sociedad, tan centrada en la competitividad y tan enfocada hacia los resultados. ¿El objetivo no debería ser que los alumnos aprendan? ¿Cuál es la finalidad de la evaluación? La respuesta es: ¡depende! Si la finalidad con la que aplicamos la evaluación es acreditativa de los objetivos alcanzados, entonces significará que nos encontramos al final de un proceso de aprendizaje y puede tener sentido poner el foco en los resultados e incluso en una calificación. En cambio, si la función de la evaluación es regular el proceso de aprendizaje y procurar la autorreflexión por parte de los estudiantes significa que la finalidad de dicha evaluación es formadora o formativa. Tal y como se puede ver en la figura 1, ambas modalidades son evaluación; es la finalidad con la que las utilizamos la que marcará la diferencia. Y ambas son compatibles, por supuesto.

Fuente: Dpt. de Educación: Evaluar es aprender. 2020

Llevamos ya cierto tiempo tratando de basar la práctica educativa en un modelo competencial, pero el sistema de evaluación se resiste a cambiar porque todo el mundo sabe que si cambiamos la evaluación es toda la arquitectura del diseño didáctico lo que cambia. Como afirma Neus Sanmartí (2019), debemos “pasar de una evaluación del aprendizaje hacia una evaluación para aprender”. Tenemos tendencia a mezclar aprender con aprobar. Evaluar se asocia demasiadas veces con examinar y con calificar algunas de las actividades que se realizan en el aula. Deberíamos preguntarnos más a menudo qué evalúan realmente los profesores cuando lo hacen, y a quiénes están rindiendo cuentas: ¿a los alumnos, a la administración educativa, a sus familias, a la sociedad? La otra pregunta que debería hacerse es: ¿por qué lo hacen?

Evaluación formadora o formativa: regular el proceso de aprendizaje y procurar la autorreflexión por parte de los estudiantes 

Ofrecer feedback cualitativo

La evaluación a base de notas continuas, sin tomar decisiones sobre lo que podemos hacer para que el alumno se centre en ciertas cosas o mejore en algunos errores, se convierte en burocracia administrativa. La evaluación que nos resulta educativamente más productiva es la orientada al aprendizaje, la que ofrece una devolución basada en comentarios personalizados que aumentan la motivación intrínseca para mejorar las tareas que se han propuesto en un inicio y así poder conseguir determinados objetivos educativos. Está claro que habrá que prever un tiempo para la reflexión y la correspondiente revisión posterior de lo que todavía se puede hacer mejor. Es el eterno reto del profesorado que debe conseguir que la primera versión de una actividad o trabajo no sea necesariamente la final.

La evaluación que nos resulta educativamente más productiva es la orientada al aprendizaje
De acuerdo con Dylan Wiliam, profesor emérito del Instituto de Educación de la Universidad de Londres, “con la evaluación formativa, los docentes cuentan con un abanico más amplio de conocimiento, con lo que pueden guiar mejor y adecuar la enseñanza de manera individualizada, en función de los diferentes ritmos y necesidades de cada uno de sus alumnos”. El protagonismo no es únicamente del profesor, ya que cada alumno y sus compañeros de clase tienen un papel que desarrollar. Wiliam ha presentado en múltiples ocasiones cinco “estrategias clave” que pueden ser útiles para la implementación de una evaluación con una finalidad formativa. Estas cinco propuestas tienen cada una de ellas un capítulo dedicado en su libro “Embedding Formative Assessment” (2011) y las podemos ver de manera esquemática en la figura 2.

Fuente: Wiliam, D (2011) Embedded Formative Assessment. Solution Tree Press

En resumen, en mi opinión, el paso que hay que dar, pues, es dar prioridad a la evaluación formadora, es decir, aquella que tiene el fundamento en el propio autoaprendizaje del alumnado, su autorreflexión y la valoración que hace de sí mismo y de cómo enfocar su proceso de mejora a partir de unos criterios de evaluación conocidos previamente. Una evaluación cada vez más personalizada, abierta e inclusiva que pasa de poner el foco en el control a ponerlo en el aprendizaje. La calificación, la evaluación con una finalidad acreditativa, debería reservarse para el final de todo el proceso de aprendizaje.

Para saber más

Sanmartí, N. (2019): Evaluar y aprender: un único proceso. Barcelona: Editorial Octaedro.

Morales, M., Fernández, J. (2022): La evaluación formativa: Estrategias eficaces para regular el aprendizaje. Barcelona: Editorial SM.

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2022-06-14T14:09:09+00:00
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