Entrenar las emociones es preferible a buscar la felicidad

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18 July 2022

Para Mar Romera, la familia es la primera escuela de las emociones

Por Jordi Viladrosa i Clua

Mar Romera Morón (Alemania, 1967) es madre, maestra, licenciada en Pedagogía y en Psicopedagogía y especialista en inteligencia emocional e innovación. Preside la Asociación Pedagógica Francesco Tonucci y es autora del modelo pedagógico “Educar con tres Ces: Capacidades, Competencias y Corazón”.

“La familia, la primera escuela de las emociones” expone las dificultades y los conflictos más comunes que padres y madres se pueden encontrar en el proceso de aprendizaje de los más pequeños, y propone formas de actuar que ayudarán en las relaciones entre padres e hijos para aumentar su capacidad de análisis y de actuación. Hoy en día sabemos que una buena gestión emocional es clave para nuestro bienestar, por este motivo, la educación de las emociones se ha convertido en el pilar fundamental del siglo XXI. Es importante educar a los más pequeños en las emociones para que las reconozcan y las identifiquen y enseñarles a convivir con ellas.

La autora se centra en la familia como espacio esencial donde es necesario enseñar a los hijos a convivir con las emociones, a saberlas identificar, reconocerlas y a actuar según sea necesario a partir de cada contexto y de cada situación porque “una buena gestión emocional es clave para nuestro bienestar”. El entorno y los progenitores se convierten en los principales referentes. A su juicio, son varias las claves para educar emocionalmente a los hijos, pero de todas ellas, hay tres que son esenciales: el tiempo, los límites y la escucha.

Son varias las claves para educar emocionalmente a los hijos, pero de todas ellas, hay tres que son esenciales: el tiempo, los límites y la escucha
ética y equidad

El tiempo tiene que ver con la presencialidad, tanto en lo que se refiere a la cantidad como a la calidad. Este estar ahí significa hacer juntos lo que sea, no estar pendientes de otros entretenimientos mientras tanto. Poner unos límites claros y razonables es una buena forma de evitar el error de la sobreprotección, un factor que los hace débiles. Una estructura de límites les hace sentir seguros garantizando su autonomía. Y escucharlos va más allá del hecho de oírlos porque se trata de dos cosas diferentes.

Otra de las claves que Romera identifica es el respeto. Esto significa que debemos evitar proyectar en los hijos las propias expectativas y que hay que ayudarles a expresar lo que sienten de manera sana. Se refiere también a una especie de laboratorio material para el desarrollo integral de una persona en el que se aprende la gestión de las emociones a través de la comprensión y de fortalecer el autoconcepto, que no es lo mismo que la autoestima.

Debemos evitar proyectar en los hijos las propias expectativas y hay que ayudarles a expresar lo que sienten de manera sana

El aprendizaje de las emociones

Actualmente, todo lo que tiene que ver con el mundo de las emociones y cómo lo cuidamos ha pasado a ocupar un lugar preferente, también en el terreno educativo. Hacer frente a los problemas adecuadamente, tener control de los propios pensamientos, entender los sentimientos de uno mismo y de los demás, etc. se han convertido en objetivos a alcanzar para aprender a vivir sin que esto quiera decir que lo que se está haciendo es buscar la felicidad a cualquier precio.

Mar Romera plantea que podemos fomentar la educación emocional desde casa “diciendo te quiero (a pesar de que ya se da por supuesto), abrazándose, riendo y llorando juntos, respetando lo que el otro siente, sin hacer juicios de valor sobre qué debería oír”. Es en este sentido que la familia se convierte en la primera escuela de las emociones, porque “los comportamientos emocionales recurrentes vividos en el seno de una familia se convierten en hábitos de gestión emocional de por vida”.

Los comportamientos emocionales recurrentes vividos en el seno de una familia se convierten en hábitos de gestión emocional de por vida

En casa, pues, y en la escuela, nuestra autora considera la educación emocional como un “proceso continuo y permanente que debe estar presente durante todo el desarrollo educativo del alumnado”. Su planteamiento es que “los niños más que saber deben ser, es decir, tener autonomía para elegir, ser responsables, activar el pensamiento crítico, impulsar la creatividad, aprender a trabajar en equipo, conocer y trabajar sus emociones, haciendo, de este modo, que el conocimiento se vuelva saber”.

Hay emociones que se aprenden directamente, como el miedo o la rabia, pero lo habitual es que se aprendan observando a las personas que nos rodean. Por eso es importante que los padres y los profesores sean conscientes de que, para bien o para mal, son un modelo ante sus hijos y sus alumnos.

La inteligencia emocional

La inteligencia emocional es un entramado de habilidades blandas (soft skills) que las personas tienen por nacimiento o porque las aprenden a lo largo de su vida: la empatía, la automotivación, el autocontrol, la gestión de las emociones… Se trata de un concepto que dieron a conocer por primera vez los psicólogos norteamericanos Peter Salovey y John Mayer en 1990, aunque se hizo más popular gracias al libro que escribió Daniel Goleman , cinco años más tarde. Según Mayer y Salovey (1997), la Inteligencia Emocional se describe como la “capacidad de percibir, utilizar, comprender y regular eficazmente las emociones en uno mismo y en los demás, de modo que nos permita desarrollar un comportamiento adaptativo al entorno”.

La inteligencia emocional es un entramado de soft skills que las personas tienen por nacimiento o porque las aprenden a lo largo de su vida

Emociones básicas

Romera nos dice que “no existen emociones positivas ni negativas. Todas las emociones son necesarias”. Y, para ello, lo que hace falta es vivir bien las emociones básicas. Son estas diez:

El miedo “es el que nos permite estar vivos y tener prudencia” para traspasar los límites.

La rabia o el enfado los sentimos cuando las cosas no salen bien y necesitamos aprender a controlarlo.

La sorpresa es una emoción fundamental en la educación. Una de sus funciones es “ser bisagra que me permitirá cambiar de emoción”.

La culpa constructiva, que nos ayuda a “entender que el error es una oportunidad”.

La tristeza permite parar “para volver a empezar”.

El asco es necesario para elegir y “rechazar lo que nos es nocivo”

“La curiosidad nos salvará”, afirma Romera.

La admiración hace que nuestros hijos nos ubiquen como referentes.

La seguridad es crucial para “aprender y crecer, para dar nuevas oportunidades, porque te quiero por quien eres y no por lo que haces”.

La alegría debe hacerse presente durante toda la jornada.

Fuente: Impuls Educació

A modo de resumen, según Romera, las emociones más importantes para educar se encuentran dentro de la palabra CASA: Curiosidad, Admiración, Seguridad y Alegría.

Este es un libro en el que la pedagoga Mar Romera expone las dificultades más habituales que padres y madres pueden descubrir durante el proceso de aprendizaje en la infancia, y propone acciones que mejorarán la capacidad de análisis y actuación en las relaciones entre padres e hijos.

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2022-07-20T09:54:10+00:00
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