Reeves reivindica una política de igualdad desde la perspectiva masculina

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30 March 2023

Richard V. Reeves, autor de “Of Boys and Men”, ofrece una serie de propuestas para subsanar el bajo rendimiento académico de los chicos y potenciar su motivación

por Toni Gallemí

A lo largo de las últimas décadas hasta hoy, ha habido una especial preocupación por la situación de la mujer en la sociedad. Desde entonces se han aplicado numerosas políticas que han tratado de impulsar e igualar su situación a la del varón. En el ámbito educativo, esta realidad se ha revertido en los últimos años hasta el punto de generar una profunda preocupación por la situación actual del hombre.

Richard V. Reeves, autor del libro “Of Boys and Men”, afirma que la feminidad está más definida por la biología debido a su maternidad, mientras que la masculinidad se define más por el constructo social. “Por este motivo, la masculinidad tiende a ser más frágil que la feminidad”. Ante la pregunta “¿Cuándo fue la última crisis de la feminidad?”, Reeves responde: “Correcto, nunca”. Si bien podemos estar de acuerdo o en desacuerdo con la respuesta, lo que nos sugiere Reeves entre líneas es que hoy mismo existe una crisis de la masculinidad. Y lo cierto es que existen pruebas que respaldan su afirmación.

En un reciente informe publicado por la OCDE acerca de las desigualdades entre mujer y varón en el ámbito educativo, se ha puesto de manifiesto la situación precaria que viven los hombres. El informe destaca una serie de puntos que conviene conocer: casi el 60% de quienes abandonan los estudios son hombres, llegando a superar el 70% en algunos países; estudian y leen significativamente menos que las chicas; dedican más horas a jugar a videojuegos y menos a hacer los deberes en casa. Por otro lado, están muy por debajo de las chicas en alfabetismo y, si bien es cierto que las superan ligeramente en materias STEM, el margen es cada vez menor. Además, su comportamiento y actitud frente al aprendizaje es muy distinto; en cierto modo influenciado, entre otras cuestiones, por su desarrollo cerebral tardío.

El comportamiento y actitud del hombre frente al aprendizaje es muy distinto por su desarrollo cerebral tardío

Diferencias educativas y biológicas

Aunque Reeves centra sus datos en Estados Unidos, una buena parte de las soluciones que propone son igualmente válidas en el resto de países. La aportación más significativa es su referencia a lo biológico: “El cerebro de los chicos se desarrolla más lentamente”. De hecho, dice Reeves, “es justo preguntarse si son las instituciones educativas, en lugar de los chicos, las que no funcionan correctamente” cuando “casi uno de cada cuatro chicos (23%) son diagnosticados con una discapacidad de desarrollo”1. Es durante la pubertad y la adolescencia donde se observan las mayores diferencias entre sexos y, sin embargo, este reconocimiento “hasta ahora no ha tenido ningún tipo de impacto en la política” educativa. Las políticas de género se han centrado en resolver las desventajas de la mujer sin llegar a prever la fragilidad del hombre, que se ha visto mermada accidentalmente.

En Estados Unidos, como en el resto de países de la OCDE, también se han disparado las graduaciones: el 57% se otorga a las mujeres y “no sólo en disciplinas estereotípicamente femeninas: las mujeres obtienen ahora casi la mitad (47%) de las licenciaturas en empresariales, frente a menos de un 10% en 19702. Obtienen también la mayoría de las graduaciones en derecho, frente a un 5% en 1970”3. Además, “el porcentaje de doctorados en odontología, medicina o derecho concedidos a mujeres ha dado un salto del 7% en 1972 al 50% en 2019”4. Los datos se asemejan a los de los países de la OCDE, pues en todos ellos hay más chicas graduadas que chicos. De repente, señala Reeves, trabajar por la igualdad de género significa centrarse en los hombres en lugar de en las mujeres.

De repente trabajar por la igualdad de género significa centrarse en los hombres en lugar de en las mujeres

A diferencia de la OCDE, el autor inglés, a lo largo de su libro, ofrece una disparidad de propuestas (legislativas, educativas, económicas) para tratar de compensar esa precariedad de los hombres. Pues si la organización internacional se limita a “concienciar a padres, profesores y empresas”, tal y como propone la OCDE, no es suficiente. Reeves concreta las posibles soluciones para ayudarlos. Pero muchas de estas soluciones o propuestas sólo son aplicables si comprendemos que mujeres y hombres son biológicamente distintos. “Las diferencias sexuales en biología”, dice Reeves, “no moldean únicamente nuestros cuerpos, incluyendo nuestros cerebros, sino también nuestra psicología”. En su libro “The Female Brain”, la científica Louann Brizendine dice que “si en nombre del libre albedrío –y de la corrección política– tratamos de negar la influencia de la biología en el cerebro, empezaremos a luchar contra nuestra propia naturaleza5. Por ejemplo, los hombres suelen ser más agresivos, toman más riesgos y tienen un mayor deseo sexual que las mujeres6; lo cual genera diferencias de comportamiento, pero no necesariamente negativo. Por otro lado, los hombres están algo más interesados en las cosas, mientras las mujeres lo están algo más en las personas7. Esta información es imprescindible a la hora de comprender el “fracaso” de los chicos en su formación y desarrollo académico. Su desarrollo es tardío, como hemos señalado anteriormente; del mismo modo, necesitan de una mayor actividad física que las chicas en su horario lectivo debido a su desarrollo hormonal. Tan sólo con prescindir de alguno de estos datos las políticas educativas pueden resultar en gran medida injustas por no saber discernir entre las necesidades de mujeres y hombres, como está sucediendo en la actualidad.

Las soluciones o propuestas sólo son aplicables si comprendemos que mujeres y hombres son biológicamente distintos

Las STEM y las HEAL

Las últimas políticas acerca de la paridad de género, señala Reeves, no deben tomarse como una cuota exacta por sexo (50/50). Al contrario, precisamente por las diferencias señaladas anteriormente, debemos esperar que en algunos ámbitos haya más hombres que mujeres y viceversa. El autor insiste en que hay que buscar la igualdad de oportunidades entre sexos, lo cual no implica una igualdad efectiva en los resultados. Acerca de este apunte, “en 2018, dos investigadores, Gijsbert Stoet y David Geary, mostraron que en los países con mayor igualdad de género, como Finlandia o Noruega, las mujeres eran menos propensas a elegir carreras universitarias en disciplinas STEM”8. A este hecho lo han llamado la “paradoja STEM”. Las diferencias sexuales son mayores en los países más ricos y con mayor igualdad de género. Así concluyeron también Armin Falk y Johannes Hermle, “una distribución más igualitaria de los recursos materiales y sociales permite a las mujeres y a los hombres expresar independientemente sus preferencias específicas de género”9. Pero esto no es todo, un estudio similar utilizando datos distintos llegó a la misma conclusión. Uno de los autores, Petri Kajonius, señala que “otra teoría es que las personas de países progresistas tienen un mayor deseo de expresar diferencias en su identidad a través de su género”10.

Una distribución más igualitaria permite a las mujeres y hombres expresar sus preferencias específicas de género

Reeves resume estos resultados en lo siguiente: no se trata de cumplir cuotas, ni de que haya más o menos mujeres en las STEM con tal de equilibrar la balanza; se trata de que tengan la oportunidad de decidir libremente qué es lo que quieren sin estar condicionados por las adversidades, sean cuales sean. Olga Khazan lo dice mucho mejor: “El resultado de esta investigación no es especialmente feminista ni especialmente triste. No es que la igualdad de género disuada a las chicas de la ciencia. Es que les permite no hacerlo si no les interesa”11. La particularidad de estas afirmaciones es que están influenciadas por un marcado sentido de justicia, en el sentido de que no tratan de imponer una cuota equilibrada en favor de un sexo, sino una igualdad real de oportunidades individualmente; en otras palabras, la naturaleza del estudio no es impositiva, sino respetuosa con la libertad de cada uno.

Se trata de que tengan la oportunidad de decidir libremente qué es lo que quieren sin estar condicionados por las adversidades

Recuerda Reeves que la proporción de hombres en las profesiones HEAL (Health, Education, Administration, Literacy) es obstinadamente baja. En su libro, Gloria Steinem hace la siguiente observación: “Las mujeres están siempre diciendo: podemos hacer todo lo que hacen los hombres. Pero los hombres no dicen: podemos hacer todo lo que las mujeres hacen”12. Del mismo modo en que se decía anteriormente, no se trata de llenar por llenar sino de establecer una igualdad real de oportunidades. Reeves aporta un gráfico significativo sobre este asunto: las profesiones HEAL ocupadas por los hombres han descendido un 9% desde 1980 hasta 2019 (Figura 1).

Figura 1. Trabajadores a tiempo completo de entre 25 y 54 años. Fuente: Steven Ruggles and others, IPUMS USA: Version 11.0, 2021

Ante este hecho, Reeves apunta decididamente que “del mismo modo que la baja representación de las mujeres en ingeniería o en puestos directivos no puede atribuirse de forma plausible a causas naturales, es igualmente absurdo pensar que el 18% de hombres entre los trabajadores sociales sea una representación auténtica del verdadero nivel de interés de los hombres por este trabajo, sobre todo teniendo en cuenta que se ha reducido a la mitad desde 1980”. Las elecciones de los hombres se restringen cuando algunos trabajos son catalogados como “trabajos de mujeres”. Además, según unos cálculos del profesor de Harvard David Deming, la demanda de puestos que requerían interacción social aumentaron en un 12% entre 1980 y 2012. Mientras que los trabajos con muchas matemáticas y menos sociales disminuyeron en un 3’3%13.

Las elecciones de los hombres se restringen cuando algunos trabajos son catalogados como “trabajos de mujeres”

Por otro lado, Reeves enfatiza el hecho de que las mujeres que reciben clases STEM de una profesora sacan mejores notas y están más predispuestas a graduarse en la universidad de alguna carrera STEM14. Y aunque no existen estudios que lo prueben – Reeves no aporta ninguna investigación al respecto–, el autor inglés dice que no hay ninguna razón que impida pensar que no sucedería lo mismo a la inversa: profesores varones impartiendo asignaturas HEAL incrementaría el número de chicos interesados en las profesiones, así como eliminaría los estereotipos de “trabajos para mujeres”. La baja remuneración es otra de las razones por las que los hombres deciden dedicarse a otras profesiones.

Algunas propuestas de Reeves

Varias de las soluciones que ofrece el autor para resolver algunos de estos problemas pueden resultar impactantes. Por un lado, debido a la condición de desarrollo cerebral tardío de los hombres, Reeves propone que los chicos empiecen un año más tarde el colegio para equilibrar su madurez con las de las chicas un año inferior. Esto difuminaría las diferencias evidentes en su desarrollo biológico y las carencias en alfabetismo en edad temprana. También sugiere que “entre los candidatos a puestos docentes en sanidad y educación, se debe dar una preferencia del 2 a 1 a los solicitantes varones”. Podría considerarse como una medida discriminatoria por sexo pero, dice Reeves, “es de hecho la misma preferencia que se da actualmente a las profesoras titulares en campos STEM” (cabe recordar que Reeves habla de lo que sucede en Estados Unidos). Otra de las propuestas del autor no es otra que la inversión: señala al Estado y a las fundaciones para que se animen a revertir esta situación mediante la inversión económica(becas, publicidad, salarios).

Reeves propone que los chicos empiecen un año más tarde el colegio para equilibrar su madurez con las chicas

Referencias:

1 Benjamin Zablotsky and others, “Prevalence and Trends of Developmental Disabilities among Children in the United States: 2009–2017,” Pediatrics (October 2019).
2 National Center for Education Statistics, “Degrees Conferred by Postsecondary Institutions, by Level of Degree and Sex of Student: Selected Years, 1869–70 through 2029–30,” Digest of Education Statistics, Table 318.10. See also National Center for Education Statistics, “Degrees in Business Conferred by Postsecondary Institutions, by Level of Degree and Sex of Student: Selected Years, 1955–56 through 2017–18,” Table 325.25.
3 National Center for Education Statistics, “Number of Postsecondary Institutions Conferring Doctor’s Degrees in Dentistry, Medicine, and Law, and Number of Such Degrees Conferred, by Sex of Student: Selected Years, 1949–50 through 2018–19.” See also Higher Education General Information Survey (HEGIS), “‘Degrees and Other Formal Awards Conferred’ Surveys from 1965–66 through 1985–86 and IPEDS Fall 2019 Completions Component,” July 2020.
4 Author’s calculation from National Center for Education Statistics, “Number of Postsecondary Institutions Conferring Doctor’s Degrees in Dentistry, Medicine, and Law, and Number of Such Degrees Conferred, by Sex of Student: Selected Years, 1949–50 through 2018–19”.
5 Louann Brizendine, The Female Brain (New York: Harmony, 2007), p. 6.
Scott Barry Kaufman, “Taking Sex Differences in Personality Seriously,” Scientific American, December 12, 2019.
7 Rong Su, James Rounds, and Patrick Ian Armstrong, “Men and Things, Women and People: A Meta-Analysis of Sex Differences in Interests,” Psychological Bulletin (November 2009).
8 Gijsbert Stoet and David C. Geary, “The Gender-Equality Paradox in Science, Technology, Engineering, and Mathematics Education,”Psychological Science (2018), pp. 581–93. In a related study, Geary and Stoet find a similar pattern for sex differences in expected occupations among adolescents in OECD countries. Gijsbert Stoet and David C. Geary, “Sex Differences in Adolescents’ Occupational Aspirations: Variations across Time and Place,” PLoS One (2022), doi.org/10.1371/journal.pone.0261438.
9 Armin Falk and Johannes Hermle, “Relationship of Gender Differences in Preferences to Economic Development and Gender Equality,” Science, October 19, 2018, p. 5.
10 University of Gothenburg, News Release, October 2, 2018, www.gu.se/en/news/personality-differences-between-the-sexes-are-largest-in-the-most-gender-equal-countries. For the main study, see Erik Mac Giolla and Petri J. Kajonius, “Sex Differences in Personality Are Larger in Gender Equal Countries: Replicating and Extending a Surprising Finding,” International Journal of Psychology(December 2019).
11 Olga Khazan, “The More Gender Equality, the Fewer Women in STEM,” The Atlantic, February 18, 2018.
12  Gloria Steinem, “The Truth Will Set You Free, But First It Will Piss You Off!” (New York: Random House, 2019), p. 64.
13 David J. Deming, “The Growing Importance of Social Skills in the Labor Market,” Quarterly Journal of Economics (November 2017), p. 1593.
14 Scott E. Carrell, Marianne E. Page, and James E. West, “Sex and Science: How Professor Gender Perpetuates the Gender Gap,”Quarterly Journal of Economics (August 2010).
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2024-04-16T13:48:43+00:00
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