por Jordi Viladrosa i Clua
Pepe Menéndez es asesor de instituciones y gobiernos de varios países, y uno de los creadores del proyecto de innovación educativa Horitzó 2020 de la Red de Colegios Jesuitas de Cataluña, de la que fue director adjunto. Es cofundador de la asociación europea de escuelas Education International, así como asesor de diversas fundaciones sociales del conocimiento en España.
“Educar para la vida” devuelve a la escuela la misión de formar para una vida con más oportunidades. Una escuela capaz de generar aprendizajes para la construcción de personas más libres, que puedan utilizar los conocimientos y así enfrentar los desafíos de la realidad. El autor, desarrolla cómo abordar en sus múltiples dimensiones la tarea: cómo trabajar sobre la organización del conocimiento expresada en el currículum, los métodos de enseñanza, la manera de agrupar e interrelacionar a alumnos y docentes, cómo organizar los tiempos y espacios, e incluso la distribución y el destino de los recursos.
“Educar para la vida. Pensar juntos la escuela que queremos y necesitamos”
En “Educar para la vida”, Pepe Menéndez tiene el objetivo de compartir con el lector su experiencia educativa y las reflexiones que le han llevado a considerar que la educación debe ser transformadora y humanizadora. Destaca dos elementos clave para conseguirlo: que el aprendizaje conecte con el proyecto de vida de los alumnos y que en este proceso de formación y de crecimiento integral se logre favorecer experiencias satisfactorias. Menéndez considera que este periodo vital es muy sensible y que es necesario romper con la tradición de una educación que ve a los estudiantes como recipientes vacíos que hay que llenar. Todo esto no será posible, afirma, si no se actúa de manera sistémica sobre la totalidad de los elementos que conforman el modelo educativo.
El autor comparte las reflexiones que le han llevado a considerar que la educación debe ser transformadora y humanizadora
El autor ha organizado el libro en seis capítulos. En el primero desarrolla cuál es el propósito de una educación transformadora y humanizadora, y la vinculación de este objetivo con el concepto de restauración de la persona con el devenir histórico de la humanidad. El capítulo dos busca responder la pregunta: ¿cómo sería una escuela solo para aprender? Los dos capítulos siguientes se centran en dos trayectos complementarios para lograr las competencias para la vida: aprendiendo a ser para transformar y aprendiendo a ser para aprender a convivir. En el capítulo cinco se describe cómo debe ser el compromiso profesional de los docentes, un camino de crecimiento, aprendizaje y servicio. El último capítulo aborda cómo debe ser el liderazgo para el aprendizaje.
Una educación humanizante y transformadora
Acontecimientos como la globalización, la revolución cibernética, los fuertes flujos migratorios, la degradación medioambiental del planeta y las nuevas concepciones respecto a la identidad de género suponen, según Menéndez, un desafío a cualquier sistema educativo sobre aquello que es preciso enseñar y aprender, que sea coherente con los valores de justicia dignidad y respeto. Humanizar la escuela supone reconciliar a la persona con su propio devenir en un proceso restaurativo de lo que somos y lo que queremos ser. Una pregunta clave es: ¿qué debemos enseñar para garantizar un conocimiento que nos haga más humanos? Lleva razón nuestro autor al afirmar que, nunca como ahora, el currículum había sido objeto de un debate ideológico tan abierto.
Humanizar la escuela es ayudar a cada persona a reconciliarse con su camino vital, recuperando lo que es y lo que quiere ser
Una escuela solo para aprender
Menéndez, un hombre inquieto, ha visitado múltiples instituciones educativas cuyos proyectos desarrollan competencias transversales, como la autonomía, el trabajo en equipo, el aprendizaje entre iguales, la autorregulación, el pensamiento crítico, entre otras. La enorme complejidad del siglo XXI pone en jaque muchas de nuestras creencias y maneras distintas de entender el mundo. Ahora saber es también hacer y además se añade el ser a la ecuación. Según nuestro autor, el desafío de imaginar una escuela que sea solo para aprender comporta el reto de personalizar la educación, considerando que la infancia y la juventud son etapas vitales con sentido en sí mismas, y no como un puente a una etapa futura.
Para que la escuela esté orientada a la formación integral, la sociedad debe entender que es necesario ir más allá de la función de custodia y de la función certificadora de la evaluación. En este contexto, la red de colegios jesuitas de Catalunya creó la experiencia Horitzó 2020 cuyos tres objetivos principales eran los siguientes: 1) despertar el interés de los estudiantes; 2) cuestionar conocimientos y creencias anteriores, y 3) estimular la curiosidad y la indagación.
Menéndez constata las dificultades de los docentes para salir de sus marcos mentales y de la inercia conductista en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Plantea que debemos buscar que exista coherencia entre los objetivos de aprendizaje y las metodologías utilizadas.
Aprender a ser y a transformar
El autor expone el proceso que lo ha conducido a la convicción de que la educación se fundamenta en cuatro desafíos: la personalización, la competencia en el aprendizaje, la habilidad de aprender haciendo y el objetivo de un aprendizaje que transforme nuestro entorno. Según él, los pilares para favorecer la construcción de los objetivos vitales son el autoconocimiento, la autonomía y el ejercicio de la libertad. Sin embargo, la rigidez del sistema educativo y del currículum obstaculiza que las escuelas puedan implementar sus proyectos de transformación.
Para ofrecer sentido y contexto al aprendizaje, es crucial integrar de manera sistemática y estructurada la metacognición en las distintas materias. La personalización del proceso educativo es fundamental en las etapas tempranas, donde se cimenta la formación de la personalidad. Menéndez es consciente de que un enfoque basado en competencias exige a los docentes adoptar una mentalidad más flexible en relación con lo que dictan los currículums oficiales. Este cambio requiere mover el eje del proceso de enseñanza y aprendizaje del docente hacia los alumnos.
Reconociendo la falta de consenso entre el profesorado respecto a este enfoque, Pepe Menéndez sostiene que lo que ocurre en las aulas no debe comprometer lo que considera esencial: poner en práctica la democracia en el aprendizaje como medio para desarrollar personas con autonomía y pensamiento crítico.
Aprender a ser y a convivir
La actual organización de la escuela y de la sociedad parten de la base de que la característica principal del sistema educativo es certificar el nivel de aprendizaje y, por extensión, prioriza la clasificación y la selección del alumnado. En cambio, el autor sostiene que el instrumento diferencial de una escuela humanizante es el acompañamiento de los itinerarios vitales y académicos de los alumnos por parte de sus docentes. Es conocido por todos que este acompañamiento suele llamarse tutoría, con las funciones ya conocidas que le son propias. Optar por un sistema de tutoría conlleva la apuesta por la personalización, cuyo contrario es la homogeneización. Este planteamiento nos obliga a cambiar la perspectiva de nuestra mirada ante el desafío de la inclusión y de comprender la diversidad como una realidad natural que no es suficiente atender desde una óptica exclusivamente técnica. Esta mayor complejidad en las relaciones entre profesores y alumnos provoca lo que Menéndez denomina la crisis de una manera determinada de entender la autoridad.
Lo que hace diferente una escuela humanizadora es el acompañamiento de los docentes en el camino de cada alumno
Nuevos desafíos para la profesión docente
El pasar de un modelo educativo centrado en la enseñanza a otro centrado en el aprendizaje efectivo y observable de los estudiantes modifica el papel del profesorado, sobre todo en la etapa de la enseñanza secundaria. Quizás sea este el capítulo que puede levantar más suspicacias entre los profesionales de la educación, por tradición y por falta de consenso sobre cuál es la tarea esencial que se confiere a los docentes para alcanzar los objetivos educativos propuestos. Según el autor, esta es una preocupación propia del inicio de la carrera profesional, que se supera con el tiempo y la experiencia, hasta ir configurando una nueva figura del docente, con capacidad de tener miradas poliédricas y competencias polivalentes.
No habrá transformación si no se asume que ser docente hoy está vinculado a la concepción de ser educador en un sentido que requiere reflexionar sobre un nuevo significado de la vocación profesional. Ante la irrupción de la inteligencia artificial, será necesario conocer, debatir, crear, compartir y experimentar qué es lo imprescindible que se debe aprender y qué debe quedar en segundo lugar. Basándose en sus experiencias internacionales, Pepe Menéndez considera imprescindible trabajar en red, creando estructuras de trabajo y aprendizaje cooperativo, en entornos de confianza profesional y personal, porque suponen el espacio idóneo para el intercambio de conocimiento y de nuevas prácticas.
La transformación educativa exige asumir que ser docente hoy es ser educador y redescubrir la vocación
El liderazgo para el aprendizaje
En este capítulo, nuestro autor parte de la idea de que el liderazgo en educación debe concretarse en la mejora de las prácticas docentes que han de conducir al éxito escolar de todos los estudiantes. Este objetivo tiene que ver con unas competencias directivas fortalecidas en ámbitos como el trabajo en equipo y en red, la orientación a la observación de las prácticas pedagógicas, o el liderazgo, basado en los datos que generan conocimiento sobre lo que ocurre en las escuelas.
Un libro evocador para un público interesado en un panorama educativo en constante evolución, marcado por la irrupción de la inteligencia artificial y la necesidad de repensar las prácticas docentes. Pepe Menéndez nos ofrece una guía esencial. Su propuesta de trabajo colaborativo en red, a crear entornos de confianza y a priorizar el aprendizaje significativo, resuena con fuerza en cada capítulo. “Educar para la vida” invita a la reflexión profunda sobre el papel del educador en el siglo XXI, instando a la comunidad educativa a abrazar el cambio y a construir un futuro donde la educación sea verdaderamente transformadora y humanizadora.