Transformar la cultura escolar pasa por la educación híbrida

6 October 2021

Estamos ante una urgencia innovadora que comportará un cambio de paradigma, pero que no puede olvidar las dimensiones más humanas de la educación

Por Jordi Viladrosa i Clua

Los aprendizajes que hemos adquirido como consecuencia de la crisis generada en todo el mundo por la COVID-19, han abierto una brecha en el sistema educativo formal basado en un diseño curricular que necesita del modelo presencial para funcionar. Tener que contar con herramientas digitales y tecnológicas sin estar suficientemente preparados abre una oportunidad de mejora que no podemos rehuir.

El reto es global en todo el Planeta, pero afecta de manera desigual a los países, a los gobiernos, a los líderes escolares, a los centros educativos, al profesorado, a las familias y, por supuesto, a los alumnos que son, precisamente, quienes hay que poner en el centro de cualquier plan de acción que se quiera llevar a cabo.

Los cambios que ha provocado la pandemia han hecho incuestionable que la transformación digital la veamos más necesaria que nunca y, además, todo hace pensar que nos encontramos ante una urgencia innovadora que comportará un cambio de paradigma que no puede olvidar las dimensiones más humanas de la educación. En esta línea, Juan Luis Moreno, director de innovación de The Valley, afirma: En un mundo complejo y lleno de matices, la tradición humanista y el pensamiento crítico son una guía democrática para trazar los caminos que queremos recorrer.[1]

Los cambios que ha provocado la pandemia han hecho incuestionable que la transformación digital comportará un cambio de paradigma que no puede olvidar las dimensiones más humanas de la educación.

Hacia una ciudadanía digital a través de modelos híbridos

Últimamente, se tiene cada vez más asumido que el ejercicio de una ciudadanía digital responsable y crítica comporta una formación de calidad a lo largo de toda la vida y no solamente durante un periodo determinado limitado a la etapa de enseñanza obligatoria. Es esta necesidad la que promueve un replanteamiento del modelo educativo actual que abre la puerta, como afirma Juan I. Pozo, a un nuevo escenario de ’educación híbrida’ que mezcla lo presencial con lo virtual […] sobre todo como una manera de relacionarse con los demás y con el conocimiento que no pueda ser reducida a los formatos didácticos más tradicionales.[2]

El auge del uso de la tecnología como parte intrínseca y transversal del currículum facilita a quien sabe utilizarla y sabe generar las condiciones oportunas, que funcionen algunas opciones metodológicas y estén realmente al servicio del aprendizaje de todos los alumnos y no solamente de algunos de ellos. Nadie puede quedar atrás en un contexto donde es imprescindible que la escuela inclusiva sea mucho más real que lo que prevén las normas legales.

Nadie puede quedar atrás en un contexto donde es imprescindible que la escuela inclusiva sea mucho más real que lo que prevén las normas legales.

La competencia digital del alumnado se puede adquirir en un entorno virtual de aprendizaje que esté muy bien diseñado y que cuente con docentes que han recibido una buena formación digital y en TIC. Y hay que hacerlo pensando en su entorno actual y no solo pensando en el futuro. El desarrollo de esta competencia tiene lugar, en paralelo, con la transformación digital que impulsa la innovación en el ámbito tecnológico, lo cual tiene una influencia innegable en el mercado laboral y en el conjunto de la sociedad.

Según Miquel À. Prats y Elena Sintes (2021), Una escuela híbrida es aquella escuela que concibe de forma muy diferente los espacios y los tiempos de aprendizaje, haciéndolos extensivos y continuos. El modelo de aprendizaje que proponen implica dos grandes objetivos: el primero, avanzar en calidad y transformación educativa y el segundo garantizar la equidad y la inclusión digital, desarrollados en ocho ámbitos estratégicos de actuación:

  1. Centros y equipos docentes organizados para la educación híbrida.
  2. Diseñar experiencias de aprendizaje auténticas.
  3. Personalizar los entornos virtuales de aprendizaje.
  4. Evaluación diversificada y feedback continuado.
  5. Seguimiento, comunicación y tutorización constantes.
  6. Bienestar, seguridad y autonomía digital.
  7. Formación, acompañamiento y capacitación del profesorado, el alumnado, las familias y la comunidad.
  8. Garantizar equipamiento tecnológico, conectividad y recursos y materiales educativos al alumnado, las familias y al personal educador.[3]

Otra iniciativa en este ámbito es la que promueve el departamento de Educación de la Generalitat de Cataluña que está llevando a cabo un proyecto piloto que tiene por finalidad promover la educación híbrida como respuesta de calidad y equidad educativa ante escenarios cambiantes y complejos, en el marco del Plan de educación digital de Cataluña.[4]

Hay que apostar por una educación híbrida, en definitiva, que tiene que incorporar la cultura digital, pero no para mantener los formatos docentes tradicionales, sino para fomentar un aprendizaje autónomo y cooperativo que requiere poner el foco de interés prioritario en los estudiantes más que no en la docencia.

Transformar la educación es transitar un camino que no tiene fin

De todas maneras, a pesar de que todo ello parece muy sólido, y probablemente sea así, no se tendría que obviar la necesidad de incorporar un proceso de evaluación riguroso para cada una de las fases por las cuales vaya pasando la implementación de este modelo de innovación centrado en la educación híbrida. No hacerlo o hacerlo superficialmente nos puede conducir a encontrarnos con un neuromito más. Las innovaciones -que, a veces, no lo son tanto- no consisten a implantar un cambio del tipo que sea, sino en integrarlo en un proceso global de cambio permanente, acompañado de la búsqueda educativa pertinente que nos confirme si se trata de un cambio eficaz y eficiente.

Aun así, si no se cuenta con la implicación de un elevado porcentaje del profesorado y no se vincula con su desarrollo profesional, la mencionada transformación acabará en fracaso, como ya ha pasado tantas veces. No basta con que lo establezcan las administraciones educativas a través de las diversas normativas ni que lo decidan los líderes de las instituciones educativas. Se tienen al alcance las herramientas tecnológicas que se pueden adaptar al grado de preparación de cada profesor o de cada equipo docente y se conocen múltiples iniciativas o ejemplos de buenas prácticas educativas que pueden resultar útiles.

Si no se cuenta con la implicación de un elevado porcentaje del profesorado y no se vincula con su desarrollo profesional, la mencionada transformación acabará en fracaso.

En algunas ocasiones, las inercias pesan mucho. Conseguir que el profesorado las cambie no es nada fácil. Se lo preguntaban en una entrevista a Coral Regí[5], que fue directora de la escuela Virolai de Barcelona, y respondía que en una fase inicial, hicieron formaciones globales por etapas sobre trabajo cooperativo, aprendizaje entre iguales, metodologías de aprendizaje, entre otros. Con esto lo que conseguimos es revolucionar y mover la estructura. A partir de aquí hemos fomentado nuestro trabajo en la evaluación profesional entre iguales. […] Esto nos ha facilitado la implantación de planes de mejora personalizados. Es un ejemplo posible a considerar.

Como conclusión, la crisis generada por la COVID-19 ha provocado un cambio de perspectiva a todos los niveles por parte de los agentes implicados en el sector educativo y de la formación; se han hecho más visibles las carencias del sistema y de la formación docente en el uso de las herramientas digitales; y han dejado al descubierto que la enseñanza y el aprendizaje tienen que ser más accesibles, asequibles e inclusivos. La era digital hace que el reto que todos juntos tenemos entre manos sea enorme, aunque es vital e inevitable lograrlo.

Referencias

[1] Durante la presentación del informe Rethink Education. Cómo construir la singularidad humana. The Valley, 2021

[2] L’escola híbrida com a oportunitat per a transformar l’educació. Diàlegs, Volum 130-35. https://impulseducacio.org/revista-dialegs/

[3]PRATS, M.A.; SINTES, E. (2021). Educació híbrida. Com impulsar la transformació digital de l’escola. Informes Breus, núm. 71. Fundació Jaume Bofill.

[4] Véase: https://projectes.xtec.cat/transformacioenxarxa/projecte-pilot-deducacio-hibrida/ [Consultado el 1/10/2021] [5] Véase: https://pepemenendez.wordpress.com/2021/09/30/transformar-la-educacion-ha-de-ser-un-proceso-permanente-y-sostenible/ [Consultado el 1/10/2021]

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