“Una evaluación formativa y formadora, para continuar aprendiendo”

24 February 2021

Entrevista a Coral Regí, directora de Escola Virolai

Por Maria Latre

Coral Regí es bióloga y educadora por vocación.
Directora de Escola Virolai, forma parte de diferentes asociaciones educativas y miembro del Consejo Escolar de Cataluña.
Es también miembro de “Educació Demà” de la Fundació Jaume Bofill.
Ha escrito artículos sobre liderazgo, evaluación profesional y procesos de calidad pedagógica y educativa.

“Pasar de una evaluación sancionadora y calificadora a una evaluación como herramienta de aprendizaje”

En evaluación, ¿qué tiene que ser diferente? Te hemos oído hablar muchas veces de evaluación poliédrica. ¿A qué te refieres?

En las enseñanzas obligatorias tiene que ser una evaluación para crecer, para dar información, para continuar aprendiendo y por tanto es una evaluación formativa y formadora. Otra cosa es cuando tú te encuentras con enseñanzas postobligatorias: cuando, por ejemplo, tienes que formar a un dentista, a un médico o a un abogado. Allá la evaluación puede ser formativa en un primer periodo, pero sobre todo es certificadora. Tú al final, como profesor de la facultad tienes que decidir si este señor o señora está preparado para ser médico, dentista o abogado.

Pero con todo lo que es la enseñanza obligatoria, la evaluación no tiene sentido que sea certificadora porque tú lo que tienes que asegurar es que este niño/a continúe aprendiendo y tenga unas estrategias para continuar aprendiendo. Es decir, en qué punto se encuentra y como tiene que continuar. De hecho, yo digo siempre que la evaluación tiene que ser holística y poliédrica. Ya sé que las palabras se gastan, pero holística quiere decir que alcance todos los campos de la persona. Es decir, con una enseñanza obligada teórica, nosotros tenemos que asegurar que evaluamos, primero, las competencias; es decir, saber hacer las cosas. Y los “soft skills”: competencias de valores, capacidad de esfuerzo, de creatividad, de resiliencia y de perseverancia. Todo esto se tiene que evaluar. No quiere decir que le tengamos que poner notas numéricas, quiere decir que lo tenemos que evaluar, es decir, decirle al niño si lo hace bien o no.

Si no lo hace bien, le tenemos que decir como lo tiene que continuar haciendo mejor. Es decir, le tenemos que dar pautas. Le podemos dar información porque aprenda a esforzarse mejor. Eso sí que es un elemento muy importante: darle esta información.

Holística quiere decir que tenemos que evaluar todas las competencias de la persona, como he dicho antes. Poliédrica quiere decir que la evaluación tiene que ir a la par con la reflexión del alumno. La frase “aprendo haciendo y reflexionando sobre lo que he hecho” es verdad. Si algo le falta a la evaluación es reflexión. Permíteme explicarlo con un porcentaje: en general los profesores se pasan el 80 por ciento del tiempo preparando clases, preparando actividades; y al proceso de la evaluación, que es capital, le dedican muy poco tiempo. Muchas veces, cuando se acaba una actividad el profesor devuelve las actividades y no las comenta con los alumnos, pone solo una nota, o le dice al alumno lo que ha hecho mal. Esta evaluación no le da información al niño/a cómo tiene que continuar esforzándose y mejorar.

Esto sería una evaluación de dictaminar, de juez. “Eres bueno o eres malo; sabes o no sabes”. Si nosotros decimos que a la enseñanza obligatoria el alumno tiene que aprender a aprender, no tiene ningún sentido que nosotros entonces hagamos esta evaluación sancionadora. También digo que es poliédrica porque es autoevaluación, y evaluación de todos: de los educadores, de los maestros, de las familias. Por ejemplo, con un tema de esfuerzo, de generosidad y de perseverancia las familias tienen mucho que decir. Por otro lado, evaluación también de las personas, de la educación 360 grados: del mundo del ocio, por ejemplo. Los entrenadores de deportes para saber si un chico/a sabe compartir, trabajar en equipo, resolver conflictos quizás tienen a veces más información que un maestro de aula. Y volviendo al tema principal: no tenemos que evaluar solo los contenidos de lo que saben hacer, sino sobre todo la persona en sí. Si yo le digo a un alumno que el esfuerzo es muy importante y después no le valoro y solo le valoro el resultado del examen, el mensaje que le estoy dando es absolutamente engañoso.

Hablas, pues, de pasar de una evaluación sancionadora y calificadora a una evaluación como herramienta de aprendizaje.

Sí, este es el caso del video de la mariposa de Austin. El profesor el que le va diciendo a los niños es: “Mirad esta mariposa; y ¿qué le falla? Reflexiona. Venga, vuélvelo a hacer”. Una cosa fundamental es que la evaluación es la posibilidad de rehacer las cosas, porque así tú avanzas. Y repito que otra cosa son los estudios postobligatorios. Pero en la educación obligatoria, que para mí es de los 0 a los 18 años, lo importante es que aporte información al alumno de cómo tiene que hacer las cosas.

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Poliédrica quiere decir que la evaluación tiene que ir ligada a la reflexión del alumno. Si algo le falta a la evaluación es reflexión.

¿Cómo lo habéis aplicado en vuestra escuela en las diferentes etapas? ¿Cómo se ha vivido este proceso de cambio?

Nosotros lo que hacemos primero es trabajar a través de la tutoría. La figura del tutor es primordial. Se hace un plan personal para cada alumno y en este plan personal hay competencias de todo tipo. Competencias personales, competencias de relación, competencias de aprendizaje y competencias de ámbito familiar. Es decir, la familia también pone objetivos. Nosotros esto lo evaluamos conjuntamente: la familia, la escuela y el mismo alumno que se autoevalúa. El otro elemento clave por nuestra parte es el hecho de tener muy claro que lo que es importante no es dónde ha llegado la persona. Supongo que has visto la diapositiva, aquella que hay un pez, un mono… y dice: “vamos a hacer una evaluación justa: todo el mundo tiene que escalar el árbol”. Esto no es justo. Porque depende mucho de las aptitudes. Nosotros el que valoramos es el progreso y esto decimos “evaluación de satisfactoriedad”; es decir, a mí lo que me interesa es que los alumnos aprendan a esforzarse. Por lo tanto, lo que tengo que hacer es establecer retos que impliquen un esfuerzo hacerlos. Si a mí me dices “tienes que correr el Maratón”, te diré que no. Si tú me dices “empieza a correr dos kilómetros y ve subiendo”, yo lo haré. Tú como profesional (y aquí quiero hablar también del tema del feedback) no me dirás que lo he hecho muy bien y ya está: me dirás cómo he corrido, cuántos minutos, etc. Me podrías decir “crees que podrías correr en tantos minutos, ahora?” Y a partir de aquí yo me voy animando. Si tú me dices “sube y baja las escaleras de casa”, esto ya lo hago fácilmente; si este es mi reto, no tendría ningún valor. Los retos tienen que estar absolutamente adaptados a la singularidad del niño y nosotros lo que tenemos que evaluar es el progreso, el esfuerzo, lo que le representa la mejora.

Hablas de evaluación como una herramienta motivadora para el alumno: personalizadora y que ayude a los alumnos en su autonomía. ¿Cómo están incorporando vuestros alumnos las prácticas de evaluación en las que ellos también son protagonistas activos?

Ellos se acostumbran. Nosotros, además, tenemos mucha práctica de heteroevaluación entre compañeros. Al principio, tú puedes creer que estos niños harán “trampa”. Pero no: no les pedimos que digan una nota, sino que tienen que hacer un comentario. Y si el alumno tiene que hacer un comentario de cómo ha trabajado el compañero o la compañera esto lo vive de otro modo, y por tanto este alumno se implicará. Y cuando tú le digas “yo valoraré como os habéis autoevaluado y evaluado a los compañeros, para ver cómo habéis trabajado en equipo”, los alumnos se lo toman en serio. Enseguida, cuando ven que esto es verdad. A veces no se lo toman como se lo tienen que tomar porque saben que finalmente la nota que “vale” es la del profesor. Cuando tú les demuestras que esto es muy importante, que lees, miras, que lo valoras que lo revisas y les das feedback, todo cambia. Un elemento clave en todo el proceso de crecimiento del alumno es el tema del feedback. Tiene que ser positivo, de crecimiento. Los profesores de primaria a veces se pasan quizás por el lado positivo. Y decirle a un niño que quizás no ha hecho una cosa bien, que lo ha hecho muy bien, no tiene sentido. Porque el niño es el primero que sabe que no lo ha hecho todo bien.

El feedback tiene que ser de reflexión y de crecimiento: “he visto que te estás esforzando (mensaje positivo), yo estoy convencida de que si esto lo vuelves a revisar te puede salir mucho mejor”. Es este el mensaje. Si el resultado del alumno no es bueno tampoco le dices que aquello es un desastre. El feedback positivo está muy estudiado: se ha demostrado que es la metodología, la forma de trabajar en la escuela más eficaz porque los alumnos aprendan más.

El feedback se tiene que trabajar mucho en todo el proceso de crecimiento de los niños, pero el objetivo final es que la persona se autorregule. Nosotros educamos para la autonomía. Y para poder educar en la autonomía, primero lo tienes que ayudar con este feedback que lo hagan cada vez esforzarse más y mejorar más.

El feedback se tiene que trabajar mucho en todo el proceso de crecimiento de los niños, pero el objetivo final es que la persona se autorregule. Educamos para la autonomía.

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¿Todo este papel del profesorado es el que tú denominas “maestro sensei”?

Sí, el maestro sensei. Maestro sensei viene de una película de un maestro que va estimulando sus alumnos y les ayuda a ver el camino. Porque lo que le tienes que establecer al alumno es esta línea de progresión, este “puedes continuar avanzando, siempre”. Este elemento de la evaluación que te dice dónde estás y cómo seguir avanzando, es este el rol del maestro sensei.

Y en realidad fíjate que es el maestro más exigente. Porque es el maestro que no abandona sino que te va diciendo todo el tiempo que tienes que continuar trabajando.

Un pensamiento universal en los profesores de secundaria es creer que cuando han acabado el libro ya han acabado el trabajo, cuando no es así en absoluto. El trabajo de un maestro de secundaria no es enseñar, sino lograr que los alumnos aprendan. Tú puedes acabar el libro, pero si los alumnos no han aprendido no has hecho tu trabajo. Por otro lado, “a este niño lo suspenderé porque así se motivará para aprobar y continuará trabajando”, otro error. Todas las actividades de neuroaprendizaje te plantean que es el estímulo positivo el que ayuda, no al revés. Y para acabar, otra creencia es que los exámenes ayudan a estimular el esfuerzo y no es verdad. Ayuda a estimular el esfuerzo cuando voces que avanzas y progresas.

La familia es un elemento primordial en todo proceso educativo. ¿Cómo lo enfocáis en vuestra escuela para implicarla y acompañarla con las mejoras que promovéis en evaluación? ¿Cómo lo están viviendo?

En todos los procesos de transformación educativa se tiene que trabajar mucho con las familias.
Explicando mucho, informándoles. Porque tú tienes que pensar que las familias se han educado en un sistema de evaluación sancionadora. El lenguaje de los números, del 1 al 10, se entiende mucho. Por lo tanto, lo primero es decirles que esta información no es la que nos ayuda a mejorar. Todo el mundo ha trabajado con números y lo ha vivido así de pequeño. Tienes que explicarlo mucho a las familias, que los números (un 5, un 6…), como he dicho antes, no ayudan a progresar. Esto por un lado. Por otro lado, tú tienes que asegurar que se impliquen en todo el proceso. Por eso nuestros alumnos plantean objetivos del ámbito familiar con el Plan Personal. El niño se lleva el Plan Personal a casa con el que ha seguido en la escuela, y después añaden objetivos del ámbito familiar. Y pedimos que los firmen los tres: la escuela, la familia, y el niño/a.

A partir de aquí, cada trimestre el niño se lo lleva en casa y la familia ve completa la evaluación que se ha hecho en la escuela. Y además, les pedimos que contesten unas preguntas. En la escuela más tradicional, los padres firman el informe de notas. Nosotros los hacemos unas preguntas: ¿qué crees que ha mejorado tu hijo? ¿De qué estás más satisfecho del progreso de este trimestre? ¿Qué crees que habría que trabajar en el trimestre siguiente?; preguntas de este estilo (con diferente redactado).

¿La evaluación del profesorado entre iguales es un reto, todavía? ¿Qué nos dicen las evidencias?

La gente tiene miedo. En todas las escuelas europeas los directores, por ejemplo, entran en las aulas a ver cómo trabajan los maestros. Y aquí cuesta mucho, porque la gente tiene la idea que si entra un director o un inspector será para sancionarte. Yo creo que esto se tiene que cambiar. Mostrar a los profesores que cuando entras en una clase, por ejemplo, no es para sancionarlos, sino para acompañarlos. Esto es imprescindible.

¿Qué consejos darías a otras escuelas que están en este proceso de transformación o se plantean hacerlo?

Lo más importante es que se den cuenta de que la transformación tiene que empezar por esta evaluación. Si no cambiamos la evaluación; es decir, si tú haces cambios: trabajas por proyectos y metodologías similares, y después continúas evaluando del mismo modo con una evaluación mediante una nota sancionadora sin tener presentes las competencias transversales; si todo esto no lo valoras, no estás haciendo una transformación educativa. La evaluación garantiza que el proceso de transformación educativa se hace hasta el final y se hace bien.

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