Futuro de la educación. Escuelas que innovan y aprenden a vivir en la incertidumbre

8 July 2020

Plan de acción para dar la mejor respuesta

Mientras presenciamos un cambio de opinión tras otro sobre cómo debería ser la nueva normalidad educativa, pasan los días y las escuelas intentan adivinar las condiciones en que tendrán que abrir el próximo curso escolar. La incertidumbre supera límites insospechados y el cansancio empieza a minar las energías de quienes han superado el curso escolar más complicado que se recuerda.

Finalmente la administración educativa ha tomado la decisión de primar la presencialidad como garantía de calidad educativa para todos, y poner todos los medios necesarios para gestionar la pandemia y proteger la salud en los centros educativos. De esta forma se quiere evitar el impacto nocivo del cierre de las escuelas sobre la salud y aprendizaje de niños y jóvenes, especialmente de aquellos que, por su condición desfavorable, presentan una mayor vulnerabilidad.

Esta decisión llega rodeada de polémica y descontento. Probablemente porque llega tarde y contradiciendo anteriores directrices que los más previsores ya estaban preparando cuidadosamente. Lo cierto es que desde finales de abril se sabe que el impacto del cierre de las escuelas sobre la pandemia era de un 15%, muy inferior al distanciamiento en puestos de trabajo 73%, o aislamiento del 45% y cuarentena en casa del 40%. Mientras su coste sobre la continuidad del aprendizaje del alumnado puede ser muy significativo (más en “El coronavirus precipita la nueva normalidad educativa en las profundidades de la era digital”). Para que nos hagamos una idea un año escolar perdido equivale a una pérdida de entre el 7% y el 10% de los ingresos a lo largo de toda la vida. Y aunque el dinero no es lo más importante, sí lo es el hecho de que este hecho erosione aún más la vida de los niños y niñas de las familias más desfavorecidas, quienes ya la tienen de por sí, más que difícil.

Un año escolar perdido equivale a una pérdida de entre el 7% y el 10% de los ingresos a lo largo de toda la vida. Y aunque el dinero no es lo más importante, sí lo es el hecho de que este hecho erosione aún más la vida de los niños y niñas de las familias más desfavorecidas, quienes ya la tienen de por sí, más que difícil.

El presente informe se ha realizado a partir de los datos recogidos con la encuesta “Preparados para dar la mejor respuesta”, respondida por más de medio millar de docentes de un cuarto centenar de colegios públicos y concertados de Catalunya y Baleares. Las 75 preguntas del cuestionario han permitido recoger la experiencia escolar durante el confinamiento y las ideas del profesorado entrevistado sobre la elaboración de un buen plan de contingencia en caso de volverse a repetir una situación parecida.

Como en las grandes batallas, el profesorado se muestra cansado, en muchos casos exhausto, pero a la vez orgulloso de su hazaña. Han superado una situación del todo inimaginable, ha sido duro, difícil en muchos momentos, pero la satisfacción de haber sacado lo mejor de sí mismos se lee entre líneas, a la vez que muestran una gran claridad de las ideas para volver a enfrentar una hipotética situación límite en el futuro. Su visión se podría resumir en pocas palabras: en primer lugar, cuidar a los más vulnerables, en segundo lugar, hacer equipo, y por último formación y medios. Un docente comenta “ha sido un período ensayo-error, pero hemos aprendido mucho. Ahora queda escribirlo y estar preparados.”

Se sabe por numerosos estudios que la enseñanza en línea no es la panacea. Viendo los resultados de este periodo de educación virtual forzada, quedan pocas dudas. Si bien es verdad que el profesorado ha sufrido su falta de recursos y competencia digital, el alumnado ha tenido que enfrentarse a la soledad de su habitación, a unas pantallas poco amigables, y la falta de motivación y autonomía, junto a la preocupación por una situación incomprensible y angustiosa. Según sus profesores, los alumnos han sufrido por falta de organización, retos y expectativas claras, exceso de trabajo y desmotivación. Además, han echado mucho de menos a sus compañeros y también a sus maestros y maestras. Los alumnos con una situación complicada en sus familias, han estado totalmente perdidos, y, aunque se les ha proporcionado medios, ha sido muy difícil por no decir imposible que pudieran seguir las tareas de aprendizaje, en muchos casos. Para el profesorado lo peor ha sido la conciliación familiar, su falta de preparación y recursos, junto a las necesidades de alumnos y familias que les obligaba a mantener jornadas de trabajo interminables casi las 24 horas del día. Su petición, en caso de repetirse, se centra sobre todo en la necesidad de acompañamiento y apoyo, trabajo en equipo, planificación y una buena gestión de la información y de la actividad docente y de acompañamiento para poder descansar y desconectar.

La visión de los docentes se podría resumir en pocas palabras: en primer lugar, cuidar a los más vulnerables, en segundo lugar, hacer equipo, y por último formación y medios. Un docente comenta “ha sido un período ensayo-error, pero hemos aprendido mucho. Ahora queda escribirlo y estar preparados.” 

Un buen plan de contingencia deberá pues contemplar aspectos organizativos y pedagógicos para atender a los más necesitados pero la experiencia nos dice que para ello será imprescindible coordinar y distribuir muy bien la carga de trabajo entre docentes para evitar sobrecargas excesivas y optimizar recursos. La tutoría debería tener un papel prioritario pero debe organizarse de forma eficaz y sostenible para poder atender bien a todos los alumnos y familias, cuidando también a tutores y tutoras.

Observando los resultados de la encuesta es fácil hacer balance de qué cosas han funcionado, cuáles necesitan mejorar, y en qué hay que cambiar o añadir para garantizar una buena gestión de la crisis en el futuro. Aunque las recomendaciones que se ofrecen recorren todas las dimensiones de la gestión y docencia escolar, destacaremos dos que nos parece marcarían la diferencia: 1) atención especial al bienestar del profesorado, fomentando el trabajo en equipo y considerando que “a más participación más compromiso”; y 2) tomar decisiones con una triple visión, el corto, medio y largo plazo, de forma que, por ejemplo el modelo pedagógico con el que se empiece en septiembre tenga una continuidad natural con el modelo que se aplicaría en caso de una segunda crisis sanitaria.

Destacamos dos recomendaciones que marcarían la diferencia: 1) atención especial al bienestar del profesorado, fomentando el trabajo en equipo y considerando que “a más participación más compromiso”; y 2) tomar decisiones con una triple visión, el corto, medio y largo plazo, de forma que, por ejemplo el modelo pedagógico con el que se empiece en septiembre tenga una continuidad natural con el modelo que se aplicaría en caso de una segunda crisis sanitaria. 

Buscando el equilibrio

En el documento “Pla d’actuació per al curs 2020-2021 en el marc de la pandèmia” del departamento de educación de la Generalitat de Catalunya, se hace hincapié en la importancia de buscar el equilibrio entre la protección de la salud, la correcta gestión de la pandemia y el derecho de todos los niños y niñas a la mejor educación. Esta idea no es nueva, en su informe “Aprendiendo durante la pandemia. De la disrupción a la innovación”, Reimers de la Universidad de Harvard y Schleicher de la OCDE, ya nos hablan de buscar el equilibrio entre las prioridades de la educación y la salud, la coherencia y la flexibilidad, las necesidades y las capacidades. Está claro que el equilibrio es parte de la solución. Frente a una situación tan compleja como la actual, no sería bueno tomar posiciones parciales que no tuvieran en cuenta el otro lado de la moneda. Pero, ¿dónde está el equilibrio entre salud y educación? ¿es posible proteger una de las áreas sin menoscabar la otra? ¿cuáles deberían ser los aspectos prioritarios de cada una, en las circunstancias actuales? La experiencia y los resultados de estos meses de confinamiento dan pistas sobre lo que sería razonable primar:

  • El derecho de todos los niños y adolescentes a una educación de calidad en condiciones de equidad.
  • El deber de las escuelas de garantizar la función social de la educación.
  • Las condiciones de seguridad de los entornos educativos, con el mínimo riesgo asumible y la previsión de control de la epidemia en cuanto a la rápida identificación de casos y contactos.

En este caso, la primera y gran pregunta es, ¿cómo hacer del colegio un lugar seguro? Según las autoridades sanitarias está claro, lo mejor es mantener grupos estables que permitan seguir fácilmente la trazabilidad en caso de producirse algún contagio. La segunda pregunta debería ser, ¿cómo conseguir la máxima normalidad educativa con un modelo organizativo basado en grupos estables? En las primeras etapas esto no parece complicado. Los niños y niñas pueden tener contacto, en el colegio, únicamente con su clase y con su tutora/or y/o un profesor/a de referencia principal, incluyendo entradas, salidas, patios y comedores. En las etapas de secundaria esto puede ser más complicado. Sin embargo, se cuenta con la ventaja de una mayor autonomía del alumnado y la experiencia adquirida con el modelo online, que, en este caso, podría jugar un papel determinante. La mayor dificultad sería dotar al alumnado de la tecnología y formación adecuada, y al profesorado de los recursos y formación necesaria. Sin la experiencia anterior esto parecería un poco surrealista, pero después de casi cuatro meses de confinamiento, el seguimiento en línea de algunas horas de docencia no parece una hazaña imposible ni un coste exagerado. Por supuesto habrá que gestionar entradas, salidas, recreos y comedores, educación física, manualidades, etc., y los horarios exigirán hacer encaje de bolillos, pero, con una buena dosis de flexibilidad y creatividad, sería factible.

La última pregunta y por lo tanto definitiva es, ¿hasta dónde está dispuesto arriesgar el colegio en las interacciones entre personal externo y grupos estables? Una sabia decisión podría ser, minimizarlas al máximo. Esto es posible si nos centramos en lo positivo. El alumnado está en el colegio, se socializa y puede trabajar en equipo, tiene un profesor que guía su trabajo y fomenta su autonomía, etc. Las familias pueden trabajar tranquilas con la garantía de que sus hijos están en las mejores manos y aprendiendo. Se ha ganado mucho respecto a la anterior situación. Sin embargo, intentar emular una situación normal y abusar de las interacciones entre profesionales externos al grupo estable en un entorno escolar, supondría elevar la probabilidad de contagio, ya de por sí alta. Una opción a estudiar sería la posibilidad de que cada grupo tenga dos docentes estables, el tutor/a y un co-tutor/a. Esta solución, en caso de nuevo confinamiento, aseguraría un buen seguimiento de cada alumno del grupo.

Aprendiendo para el futuro

La experiencia vivida ha puesto de relieve por lo menos dos aspectos que podrían convertirse en oportunidad. Por un lado tenemos la falta de autonomía de los alumnos y sus carencias respecto a su capacidad de organización personal y autogestión. Por otro lado, la falta de competencia digital del profesorado y de infraestructura para la docencia en línea. En el plan del futuro curso deberían incluirse tanto el desarrollo de competencias de gestión, trabajo en equipo, autorregulación del aprendizaje o las habilidades cognitivas, como la competencia digital.

No sabemos si será necesario volver a cerrar los centros educativos, total o parcialmente, pero lo que sí sabemos es que algunas de las innovaciones que se han tenido que improvisar durante la crisis sanitaria del Covid-19 son también exigencias de una educación de calidad en el ya entrado s. XXI. Los siguientes 10 puntos resumen los aspectos que consideramos debería trabajarse desde el inicio del próximo curso 2020-2021, como preparación a un eventual cierre de colegios y avance progresivo hacia la consolidación de una innovación pedagógica eficaz:

1. Prepararse

Una buena preparación exigirá una distribución estratégica de espacios y diseño de los protocolos imprescindibles para las diferentes situaciones, clases, patios, visitas, entradas y salidas, etc., y grupos sociales. Cada protocolo deberá contemplar las medidas de seguridad recomendadas por las autoridades sanitarias, ir acompañado de la señalítica recordatoria necesaria, y de formación previa. Es de vital importancia que, desde el primer día todo el personal, docente y de servicios, asuma su responsabilidad de ser modelo para los alumnos y hacer pedagogía sobre seguridad. Los profesionales habrán recibido, previamente a la apertura del colegio, una formación específica en prevención de riesgos, uso de espacios y protocolos de seguridad.

2. Aprender

Escribir experiencias y cambios de paradigma. Quién mejor que las personas que han vivido en primera fila la situación para identificar lo que ha funcionado, lo que podría mejorar y lo que se debería cambiar o añadir. Para hacer partícipes a todos los implicados y no dejarse nada, lo mas efectivo es hacer una sencilla consulta sobre los tres aspectos señalados indicando que destaquen una idea para cada uno. Cada persona suele responder según sus intereses y prioridades, por ello suele ser efectivo pedir además que detallen cómo cambiarían o añadirían lo que sugieren. Hacer pública la respuesta siempre ayuda a tener una visión equilibrada de la situación vivida, y tiene el efecto de destacar soluciones frente a problemas. A partir de aquí se pueden hacer comisiones que desarrollen dichas soluciones y las hagan operativas.

3. Estilo de dirección y organización

A más participación más compromiso. Las encuestas han dejado claro que la gran mayoría de docentes lo han dado todo por dar continuidad a la tarea educativa del colegio, sin embargo muchos de ellos reclaman una mayor participación en las decisiones y más cercanía con quien las toma. En momentos tan críticos como los vividos el trabajo en equipo y formar parte de una comunidad entregada, alivia y anima a seguir luchando. La dirección de las escuelas debería promover el liderazgo compartido, la autonomía y el compromiso con la misión de todos sus profesionales para conseguir que todos remen en la misma dirección y aprovechar el potencial de cada uno. Así el estilo directivo más adecuado sería tener claro el objetivo de empoderamiento del profesorado, junto a una mentalidad abierta, una buena dosis de capacidad de adaptación y apoyar la innovación como aspecto clave para la mejora.

4. Sistema de comunicación

En una situación de emergencia la información cobra un papel primordial y es básico gestionarla bien. Cuidando las siete c’s de una comunicación eficaz: Clara, Concisa, Concreta, Correcta, Coherente, Completa y Cortés. A ello deberíamos añadir: Oportuna, Necesaria y Suficiente, para no sobrecargar. Una buena gestión de comunicación discrimina, para cada ítem de información, los destinatarios adecuados. El exceso de información y destiempo, devalúa su valor de forma exponencial y la hace tremendamente ineficaz. Es de gran ayuda distribuir la responsabilidad informativa y pensar el mejor cauce para cada una, garantizando que cada sujeto, ya sea familia, docente, personal de servicios, alumno, etc., reciba lo que necesita en el orden y momento preciso.

5. Evaluar las necesidades y resultados del alumnado

Antes de dar continuidad al aprendizaje será necesario tener una visión detallada del punto en el que se encuentra cada uno de los alumnos y alumnas. Los últimos meses habrán aumentado la brecha del aprendizaje y tendremos estudiantes en situaciones muy diversas. La equidad es importante y por ello se deberá garantizar las misma oportunidades de avanzar a todos, a partir de su situación y condiciones actuales, buscando la motivación y desarrollo del máximo potencial a cada uno. Aunque durante la pandemia, en algunos sectores se propuso no avanzar temario para evitar aumentar las diferencias. Está claro que entre no aumentar temario y tener desmotivado y aburrido a un conjunto considerable de estudiantes es muy diferente. El sistema educativo no debe tener miedo a que los alumnos capaces de seguir aprendiendo lo hagan, con la excusa de no aumentar la brecha. Esto sería tan injusto como lo otro. Una cosa no quita la otra y debería ser factible un aprendizaje personalizado que ofreciera la posibilidad de excelencia educativa a cada alumno. Por supuesto sin desatender a los que más lo necesitan y con la mayor inclusión posible. Los llamados entornos personales de aprendizaje basados en un diseño universal del aprendizaje, son en este sentido de gran ayuda. Otro aspecto imprescindible será tener claras las prioridades curriculares y hacer las adaptaciones pertinentes.

6. Modelo de enseñanza mixto

El modelo presencial se beneficia enormemente de las potencialidades de la formación en línea. La mayoría del profesorado ha descubierto cómo la tecnología puede ayudar al desarrollo competencial del alumnado. Unas buenas herramientas junto a una buena pedagogía pueden ayudar a una mejora de la autonomía, la capacidad de planificación y autorregulación, el desarrollo de habilidades cognitivas, etc. Pero no sólo eso, además las escuelas tienen por delante la amenaza de posibles interrupciones de la presencialidad y necesitan estar preparadas. Mantener un sistema mixto tienes como mínimo tres ventajas: 1) facilita la nueva normalidad con presencialidad y creación de entornos seguros; 2) abre las puertas a la mejora en la calidad educativa; y 3) prepara al sistema para las incertezas del futuro.

Debería ser factible un un aprendizaje personalizado que ofreciera la posibilidad de excelencia educativa a cada alumno. Por supuesto sin desatender a los que más lo necesitan y con la mayor inclusión posible. Los llamados entornos personales de aprendizaje basados en un diseño universal del aprendizaje, en este sentido serían de gran ayuda.

7. Desarrollo profesional del profesorado

En todo sistema educativo la clave del éxito está en un profesorado preparado y con recursos para atender las necesidades educativas de todos los alumnos en las circunstancias que se presenten. Aprovechar la actual necesidad del profesorado para avanzar en su formación será vital para todas las escuelas. La mayoría de docentes ha hecho ya un gran esfuerzo y su visión sobre el aprendizaje se ha ampliado. Los colegios deberían aprovechar estas condiciones para fomentar la innovación educativa y facilitar a todo el equipo docente una formación y acompañamiento continuados.

8. Metodologías y evaluación

Dos aspectos clave de esa formación será en metodologías activas y estrategias de evaluación formativa que permitan evaluar el proceso de aprendizaje y convertir a cada alumno en un aprendiz experto para toda su vida. En este sentido la tecnología puede ser un gran aliado. Hay plataformas para la enseñanza virtual que han mejorado mucho durante la pandemia ofreciendo herramientas muy potentes a bajo coste. El trabajo en equipo de los alumnos, la evaluación del proceso y el pensamiento, se convierten en tres metodologías básicas para un aprendizaje eficaz tanto presencial como en línea.

9. Currículum competencial

Todos los sistemas educativos tienen un recorrido más o menos exigente hacia un aprendizaje competencial frente a uno memorístico de acumulación de información. Es el momento de plantearse seriamente el paso a un currículum que se derive en el desarrollo de todas las capacidades necesarias para aprender y seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida de forma autónoma. Sólo así podemos garantizar el futuro de las nuevas generación. Para ello es importante trabajar la motivación, la contextualización y la orientación al servicio de todos los problemas que planteamos a los alumnos.

10. Innovació

Finalmente será importante hacer una profunda reflexión sobre innovación y crear los recursos y cauces necesarios para hacerla real y sostenible a lo largo del tiempo, creando una verdadera cultura de pensamiento y creatividad en cada centro educativo.

Ver y descargar el informe completo.

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